| Vicente Azuero | ||
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| Información personal | ||
| Nacimiento |
21 de abril de 1787 Oiba, Virreinato de la Nueva Granada | |
| Fallecimiento |
28 de septiembre de 1844 La Mesa, República de la Nueva Granada | |
| Sepultura | Cementerio Central de Bogotá | |
| Nacionalidad | Colombiana | |
| Familia | ||
| Padres |
Ignacio Javier Azuero Micaela Gregoria Plata | |
| Cónyuge | Indalecia Ricaurte y Castro | |
| Hijos | Rufino Azuero Ricaurte | |
| Familiares |
Antonia Santos Plata (prima) Manuel Plata Azuero Juan Nepomuceno Azuero (hermano) Joaquín Ricaurte Torrijos (suegro) Floresmiro Azuero Rafael Azuero Manchola | |
| Educación | ||
| Educado en | Colegio Mayor de San Bartolomé | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Político y abogado | |
| Partido político | Partido Liberal | |
Vicente de Azuero y Plata (Oiba, 21 de abril de 1787-La Mesa, 28 de septiembre de 1844) fue un abogado, político y periodista neogranadino.
Se manifestó públicamente en contra de la utilidad de las comunidades religiosas en la nación, siendo uno de los autores principales de la legislación que en las décadas de 1820 y 1830 suprimió los conventos con pocos miembros. Por su activa participación en la vida pública y legislativa, es considerado uno de los precursores políticos e ideológicos del Partido Liberal Colombiano.
Nació en Oiba, en la provincia del Socorro, siendo hijo legítimo de Ignacio Javier Azuero, quien ejerció como alcalde mayor del pueblo, y de Micaela Gregoria Plata. Fue hermano menor de Juan Nepomuceno Azuero, religioso que participó activamente a favor de la independencia de la Nueva Granada.
Estudió en el Colegio Mayor de San Bartolomé en Santafé, donde se graduó en derecho. Siendo aún estudiante, desempeñó la cátedra de Latinidad y, posteriormente, la de Derecho Público, la cual obtuvo en propiedad por concurso. Se distinguió entre sus condiscípulos por su consagración al estudio, recibiendo el título de doctor en teología y derecho civil y canónico. Luego, en la Universidad Santo Tomás, se graduó en cánones.
Azuero participó en los hechos del 20 de julio de 1810 y se unió al batallón de los Guardias Nacionales que surgió en los días siguientes, en el que alcanzó el grado de subteniente; ocupando diversos cargos en este período. Durante la Reconquista española, fue hecho prisionero, pero logró escapar tras la victoria patriota en la batalla de Boyacá en 1819.
Durante la existencia de la Gran Colombia, Azuero volvió a la vida pública y se consolidó como una figura clave en la educación republicana. Actuó como Ministro Juez de la Alta Corte de Justicia de la República. Paralelamente, en noviembre de 1824, ganó por oposición la cátedra de Economía Política en el Colegio de San Bartolomé, y en 1825 la de Derecho Público, siendo nombrado además fiscal de dicha institución. En agosto de 1826 fue nombrado adjunto al Director de Estudios y, meses después, miembro de la Academia Nacional en la sección de Ciencias Morales y Políticas.
Como parte de la Comisión de Educación creada por el vicepresidente Francisco de Paula Santander, participó en la fundación de diversas universidades y promovió un plan de estudios que incluía la enseñanza de autores como Jeremy Bentham, Benjamin Constant y Emer de Vattel. Esta postura le generó fuertes fricciones con el clero. En 1826, el presbítero Francisco Margallo lo atacó fuertemente desde el púlpito, acusando a su enseñanza de promover la herejía. Azuero respondió con una enérgica representación ante el Poder Ejecutivo, exigiendo sanciones contra Margallo por insubordinación; el gobierno falló a su favor y el sacerdote fue enviado a cumplir una penitencia en un convento.
Azuero solicitó permiso y luego renunció formalmente a la Alta Corte en 1827 para dedicarse al periodismo político. Fundó y colaboró en varias publicaciones, entre ellas Los Pensamientos, La Bandera Tricolor, El Observador Colombiano y El Conductor, periódico este último fundado en febrero de 1827, cuyo lema declaraba: «Los pueblos deben ser conducidos por la autoridad de las leyes, siempre igual e impasible, y no por voluntades pasajeras, expuestas a todas las pasiones».
Azuero cultivó profundas enemistades en su carrera. Fue un feroz contradictor de Antonio Nariño y sus proyectos federalistas tempranos, al punto de que historiadores y contemporáneos lo responsabilizaron, junto a Francisco Soto y Santander, de acorralar políticamente al prócer hasta su muerte.
Posteriormente, se opuso de forma tenaz a los poderes extraordinarios de Simón Bolívar, tildándolo de «tirano» y «déspota» en la prensa. Previo a la Conspiración septembrina de 1828, Azuero huyó al Socorro temiendo represalias. Tras el atentado, fue arrestado y desde prisión dirigió cartas al Libertador y a sus ministros en las que condenaba la conspiración, proclamaba su inocencia y aseguraba tener intenciones de retirarse definitivamente a la vida rural.
Disuelta la Gran Colombia, Azuero retornó como uno de los principales arquitectos del partido federalista y colaborador esencial en el gobierno de Santander.
En las elecciones presidenciales de 1837, se presentó como candidato de los federalistas doctrinarios. Sin embargo, no contó con el respaldo de Santander, debido a que Azuero se negó tajantemente a apoyar la candidatura alterna del general José María Obando, a quien acusaba de estar involucrado en el asesinato del mariscal Antonio José de Sucre.
En las elecciones de 1841, se postuló nuevamente por el partido federalista (ya identificado como liberal) en medio de la violenta Guerra de los Supremos. Al representar a la oposición, fue perseguido y encarcelado por el gobierno; pese a ello, obtuvo la mayoría simple de los votos, aunque no logró la presidencia.
Tras asumir la presidencia el general Pedro Alcántara Herrán, Azuero fue amnistiado y se retiró de manera definitiva de la vida pública. Falleció el 28 de septiembre de 1844 en La Mesa.
Cuando su discípulo Ezequiel Rojas propuso el primer programa para el Partido Liberal Colombiano en 1848 (considerado como el acto de fundación del partido), firmó el documento bajo el seudónimo de «Azuero», honrando a su mentor fallecido cuatro años atrás. La historia lo recuerda, junto a su hermano Juan Nepomuceno, como uno de los grandes exponentes del liberalismo y el anticlericalismo de la primera mitad del siglo XIX en Colombia.
Durante el siglo XIX, cuando Panamá era parte integrante del territorio neogranadino, la península de mayor extensión del istmo recibió el nombre de Península de Azuero a instancias del presidente Francisco de Paula Santander, denominación que se conserva hasta la actualidad.