
2 Corintios 12 es el decimosegundo capítulo de la Segunda epístola a los corintios del Nuevo Testamento de la Biblia cristiana. Fue escrito por Pablo de Tarso y Timoteo de Éfeso (2 Corintios 1:1) en Macedonia entre los años 55 y 56 d. C. Pablo continúa «hablando como un necio» en este capítulo (cf. 2 Corintios 11:1, 21).
El texto original fue escrito en griego koiné. Este capítulo se divide en 21 versículos.
Algunos de los primeros manuscritos que contienen el texto de este capítulo son:
2 Corintios 12 |
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Visiones y revelaciones 1-¿Hay que gloriarse? Aunque no conviene, hablaré de las visiones y revelaciones del Señor. 2-Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años —si en el cuerpo, no lo sé, si fuera del cuerpo, tampoco lo sé: Dios lo sabe— fue arrebatado hasta el tercer cielo. 3-Y sé que este hombre —si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé: Dios lo sabe— 4-fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que al hombre no es lícito pronunciar. 5-De ese hombre me gloriaré, pero de mí mismo no me gloriaré, si no es de mis flaquezas. 6-Pero aunque quisiera gloriarme, no sería un necio, pues diría la verdad. Sin embargo me abstengo, para que nadie me atribuya algo por encima de lo que ve en mí o de mí oye, 7-o a causa de la grandeza de las revelaciones. Por eso, para que no me engría, me fue clavado un aguijón en la carne, un ángel de Satanás, para que me abofetee, y no me envanezca. 8-Por esto, rogué tres veces al Señor que lo apartase de mí; 9-pero Él me dijo: «Te basta mi gracia, porque la fuerza se perfecciona en la flaqueza». Por eso, con sumo gusto me gloriaré más todavía en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. 10-Por lo cual me complazco en las flaquezas, en los oprobios, en las necesidades, en las persecuciones y angustias, por Cristo; pues cuando soy débil, entonces soy fuerte. Se excusa de nuevo por haberse gloriado 11-He hablado como un necio: vosotros me obligasteis. Porque yo debía haber sido recomendado por vosotros, pues en nada fui inferior a esos «superapóstoles», aunque no soy nada. 12-Las señales de ser apóstol se cumplieron entre vosotros, por medio de toda paciencia, de signos, prodigios y milagros. 13-Pues ¿en qué habéis sido inferiores a las otras iglesias, excepto en que yo personalmente no os he sido gravoso? Perdonadme este agravio. 14-Mirad, por tercera vez estoy a punto de ir donde vosotros, y no os seré gravoso; porque no busco vuestros bienes, sino a vosotros. Pues no son los hijos los que deben atesorar para los padres, sino los padres para los hijos. 15-Por mi parte, muy gustosamente gastaré y me desgastaré por vuestras almas. Si os amo más, ¿seré yo menos amado? 16-Es verdad, yo no os fui gravoso; pero, siendo astuto, os capturé con engaño. 17-¿Acaso os exploté con alguno de los que os he enviado? 18-A Tito le exhorté y le envié con el hermano. ¿Acaso Tito os explotó? ¿No procedimos los dos según el mismo espíritu? ¿No seguimos las mismas pisadas? |
Margaret MacDonald señala aquí la impresión de que Pablo está dispuesto, aunque reacio, a pasar a discutir un tema controvertido, sus visiones y revelaciones del Señor (es decir, recibidas del Señor).
Pablo relata las visiones y revelaciones que recibió a lo largo de su vida, incluyendo su experiencia de ser llevado al tercer cielo, signo de su unión privilegiada con Dios y prueba de su superioridad frente a los falsos maestros que valoraban los fenómenos extraordinarios. Menciona también el aguijón en la carne, interpretado por distintos Padres como persecuciones, enfermedad física o tentaciones. Al aceptar esta debilidad y escuchar la respuesta divina te basta mi gracia, Pablo ofrece una lección fundamental: el camino cristiano consiste en reconocer la propia fragilidad y apoyarse plenamente en la fuerza de Dios.
Porque Dios libra de las tribulaciones no cuando las hace desaparecer (…), sino cuando con la ayuda de Dios no nos abatimos al sufrir tribulación.
En la conclusión del discurso del necio, Pablo vuelve a destacar su desinterés económico como prueba de su autenticidad apostólica. No buscó los bienes de los corintios, sino su bien espiritual, y sus colaboradores actuaron del mismo modo. Con su ejemplo señala que los ministros de la Iglesia deben anteponer siempre el bien de las almas a cualquier provecho personal.
Iluminad las mentes, dirigid las conciencias, confortad y sostened a las almas que se debaten en la duda y gimen en el dolor. A estas principales obras de apostolado, unid todas aquellas que las necesidades de los tiempos exigen; pero que a todos les quede bien claro que el sacerdote, en todas sus actividades, no busca ninguna otra cosa aparte del bien de las almas; que no mira más que a Cristo, al que consagra sus fuerzas y todo su ser.