Audite poverelle (también llamado Cántico de exhortación a las damas de San Damián) es una breve composición de Francisco de Asís en lengua vulgar, escrita para consolar a Clara de Asís y a sus hermanas, las «Damas pobres» de San Damián, hacia 1225. Junto con el Cántico de las criaturas es uno de los dos Escritos de Francisco que no están en latín.
Su título procede de las primeras palabras del texto, «Audite, poverelle» («Escuchad, pobrecillas»). La cronología de CapDox lo llama The Canticle of Exhortation for the Ladies of San Damiano y lo cita como Fonti Francescane 263/1. Muscat lo clasifica entre las oraciones de los Escritos con el título Audite poverelle.
La Compilación de Asís (85) refiere que, después de componer las Alabanzas del Señor por sus criaturas, Francisco compuso también «unas santas palabras con canto» para el consuelo de las Damas pobres de San Damián. CapDox lo sitúa en la primavera de 1225, en la época en que Francisco, enfermo de los ojos, recorría el valle de Rieti en busca de tratamiento, y lo presenta como el segundo de dos cantos de alabanza y exhortación en lengua vulgar compuestos en San Damián, tras el Cántico de las criaturas. Muscat lo fecha igualmente en 1225. Una carta de los ministros generales de la Primera Orden (1 de agosto de 2025) lo considera casi una continuación del Cántico de las criaturas y cita la Compilación de Asís 85,2-3. Un texto devocional lo sitúa, en cambio, en el otoño anterior a la muerte de Francisco.
El texto está en dialecto umbro, como el Cántico de las criaturas, y no en latín. Muscat indica que fue descubierto en 1976 por Carlo Boccali en un monasterio de clarisas de Verona. El resumen y prefacio de un libro de Alessandra Bartolomei Romagnoli añade que lo conservan dos códices del monasterio de Novaglie —uno del siglo XIV, de lengua más arcaica, que contiene también la regla de Urbano IV, y otro del siglo XVI, de lengua más modernizada— y que Giovanni Boccali lo publicó en Collectanea Franciscana en 1978.
El texto se compone de seis estrofas dirigidas a las «pobrecillas» llamadas por el Señor. Exhorta a las hermanas a vivir en la verdad y en la obediencia, a no fijarse en la vida exterior sino en la del Espíritu, a usar con discreción las limosnas y a soportar en paz la enfermedad y la fatiga; la última estrofa promete que cada una será coronada reina en el cielo junto con la Virgen María. La carta de los ministros generales lo relaciona con la fidelidad a Cristo, con el cuidado mutuo de las hermanas enfermas y con la esperanza de ser «reinas» junto a María.
La carta de los ministros generales de 2025 ve en la palabra «pobrecillas» una síntesis de la identidad de Clara y sus hermanas: un estilo de vida de pobreza y humildad vivido en fraternidad y contemplación. Un número de cTc – communion and communication (Oficina para las monjas, OFM, 2024) lo lee como una especie de testamento que resume la Forma de vida y lo aplica a la vida comunitaria, a la pobreza y al discernimiento sobre el uso de los medios; en él se comentan en particular la contraposición entre la vida «según la carne» y la vida «según el Espíritu» y el discernimiento de las limosnas.