| El velorio | ||
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| Autor | Francisco Oller | |
| Técnica | Óleo sobre lienzo | |
El velorio es un cuadro al óleo del pintor puertorriqueño Francisco Oller, fechado en 1893 y conservado en el Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico, en Río Piedras. Con 224 por 397,5 centímetros, es la obra de mayor tamaño y la más conocida del pintor, y está considerada una de las piezas centrales de la historia del arte puertorriqueño.
La escena representa un baquiné o velorio de angelito, una costumbre funeraria de raíz afropuertorriqueña en la que la muerte de un niño pequeño se celebraba con comida y música en lugar de llorarse, por creerse que subía al cielo convertido en ángel. Lejos de tratarse de una estampa costumbrista, el cuadro fue concebido como una crítica: en la descripción que acompañó al envío de la obra al Salón de París de 1895, Oller definió la escena como «una orgía de apetitos brutales bajo el velo de una superstición grosera».
Oller comenzó a trabajar en el cuadro en 1891 durante una estancia en la hacienda Santa Bárbara, una plantación cañera de Carolina propiedad de la familia Elzaburu. José y Pedro Elzaburu posaron para las figuras del cura y del sacristán, y el ama de llaves de la casa sirvió de modelo para la madre del niño; el resto de los personajes se basó en los trabajadores de la hacienda y sus familias.
Se conservan varios estudios preparatorios. Un Estudio para El velorio fechado en 1892, óleo sobre lienzo de unos 32 por 43 centímetros, pertenece a la colección del Museo de San Juan. Del período 1891-1892 son también los bocetos de detalles Gatos, Perrito y Negrito con güiro; el primero fue recortado en una restauración y volvió a restaurarse en el Museo de Ponce en 1982, y se expuso en la muestra The Art Heritage of Puerto Rico del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York en 1973.

El niño muerto aparece vestido de blanco y adornado con flores sobre una mesa, en el centro de un bohío. De los catorce asistentes que lo rodean, solo uno adopta una actitud de duelo. La composición se organiza en dos mitades contrastadas: una clara, ocupada por la comida, la música y la fiesta, y otra en sombra, donde se sitúan el dolor de los padres y un sacerdote que intenta oficiar los ritos mientras corren perros por la escena.

Por los vanos del bohío se abren tres paisajes. Según el análisis de la crítica Lilliana Ramos Collado, por la puerta de la izquierda se ve a un jinete y un campesino conversando tras un portón; por la central, a un muchacho que carga el cerdo asado, con palmeras al fondo; y por una pequeña ventana, un estudio de nubes. Ramos Collado sostiene que Oller opone deliberadamente el orden productivo del exterior al desorden del interior, y que emplea una factura impresionista para los paisajes y un tratamiento más tradicional para las figuras de dentro.
El cuadro se presentó en la Exposición de Puerto Rico de 1893, celebrada en San Juan con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de la isla, donde Oller expuso cuarenta y seis pinturas y obtuvo medalla de oro. El velorio provocó reacciones encontradas: parte de la crítica local lo leyó como una representación negativa y vulgar de la vida rural puertorriqueña y objetó el modo en que aparecía retratado el jíbaro. El cronista Alejandro Infiesta, en cambio, elogió la verdad de los tipos representados y dejó constancia de que muchos espectadores decían reconocer en el cuadro a parientes o conocidos.
En 1894 J. de Zequeira publicó un folleto dedicado íntegramente a la obra, El Velorio. Cuadro de costumbres puertorriqueñas por F. Oller. Al año siguiente el cuadro se expuso en París, donde tuvo mejor acogida.
Las fuentes discrepan sobre cómo llegó el cuadro a la Universidad de Puerto Rico. Según el Museo de Historia, Antropología y Arte, fue donado por el propio Oller a la institución en 1914; otras fuentes indican que perteneció a la Biblioteca Insular de Puerto Rico hasta 1915, cuando lo adquirió la universidad.

La obra fue determinante en la creación del museo universitario, el primero de su clase en Puerto Rico y el primer edificio levantado expresamente como museo en la isla, donde se exhibe de forma permanente.
El velorio se considera la obra maestra de Oller y un tesoro nacional puertorriqueño. Ha generado diversas reinterpretaciones. En 1974 Jorge Soto Sánchez realizó El Velorio de Oller en Nueva York, una serigrafía coloreada a mano —revisada en 1984— que traslada la escena a Nueva York e incorpora elementos de la santería y de la cultura de la diáspora puertorriqueña; se conserva en el Smithsonian American Art Museum. En 1991 el artista Rafael Trelles presentó en el Museo de Arte de Puerto Rico la instalación Visitas a «El velorio» (Homenaje a Francisco Oller).