| Galatea | ||
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| Sexo | femenino | |
| Pareja(s) | Polifemo y Acis | |
| Hijos | Ilirio y Keltos | |


En la mitología griega, Galatea (en griego: Γᾶλάτειᾶ, latín: Galatēa) es un personaje cuya etimología evoca la blancura de la leche (en griego γάλα). Para Hesíodo es una de las nereidas que tuvo un triángulo amoroso con Acis y Polifemo, según Teócrito y Ovidio. Para Antonino Liberal se trata de una mujer cretense, cuya hija fue convertida en varón. Para Jean-Jacques Rousseau Galatea es el nombre que recibió la estatua tallada por Pigmalión. En realidad las tres versiones de este personaje aparecen en Las metamorfosis de Ovidio, aunque con nombres diferentes.
La primera Galatea es una nereida de Sicilia amada por el cíclope Polifemo. Sus padres eran Nereo y Doris. Cuando Galatea rechazó al cíclope en favor de Acis, un pastor siciliano, Polifemo, celoso, lo mató aplastándolo con una enorme piedra. Desesperada por el dolor, Galatea transformó la sangre de su amante en el río Acis, que discurre por Sicilia.
Galatea junto con Doto y Panopea, escoltaron a su hermana Tetis fuera del mar a su boda con Peleo. En la Ilíada Galatea y sus hermanas se le aparecen a Tetis cuando ésta llora en simpatía por el dolor de Aquiles por la muerte de su amigo Patroclo.
En su ditirambo El cíclope o Galatea, el poeta Filóxeno de Citera trató por primera vez el amor desdichado de Polifemo por Galatea. Los comediógrafos Nicócares y Antífanes compusieron sendas obras sobre el tema, y otro tanto hizo el poeta lírico Timoteo. Le siguió el poeta griego de Sicilia Teócrito, quien en torno al año 275 a. C. escribió sobre dicho amor sus Idilios VI y XI. Posteriormente, Ovidio retomó la trama en Las metamorfosis, introduciendo el personaje de Acis, amado de Galatea.
Nono es el único autor que indica que Galatea en realidad estaba enamorada de Polifemo y no sentía aversión por él. Según el historiador Apiano ambos engendraron a Celto, Ilirio y Galas, epónimos de los celtas, los ilirios y los gálatas, respectivamente.

Galatea también es una hija de Euritio, el hijo de Espartón. Se casó con Lampro, un hombre de buena familia pero sin recursos. Cuando quedó embarazada, Lampro deseaba tener un hijo y le dijo que abandonara al niño si resultaba ser una niña. Galatea dio a luz a una niña mientras Lampro estaba fuera, por lo que ella —siguiendo el consejo de los adivinos y guiada por sus propios sueños— le dijo a Lampro que el bebé era un varón y la llamó Leucipo. A medida que Leucipo crecía, su verdadero sexo se hacía cada vez más difícil de ocultar, por lo que Galatea acudió al santuario de Leto y rezó a la diosa para que convirtiera a su hija en un hombre. Leto se compadeció de madre e hija e hizo de Leucipo un hombre de verdad.
Esta leyenda también se encuentra en Ovidio pero los personajes tienen distintos nombres y allí Leucipo es Ifis. También este tema es utilizado por Ariosto en el canto XXV del Orlando furioso.

Galatea es el nombre dado a la estatua erigida por el rey de Chipre Pigmalión, cuya historia narra Ovidio en el libro décimo de Las metamorfosis.
Ovidio narra cómo Pigmalión, decepcionado por los vicios que observa en las mujeres, decide vivir célibe y sin esposa. Como escultor, crea en marfil una estatua femenina de extraordinaria belleza, tan perfecta y realista que parece una mujer viva. Pigmalión se enamora de su propia creación y comienza a tratarla como si estuviera dotada de vida: la besa, la acaricia, le habla, la viste con ropas y joyas y le ofrece flores, regalos y otros objetos, hasta convertirla en su compañera de lecho.
Durante la fiesta de Venus en Chipre, Pigmalión pide a la diosa que le conceda una esposa semejante a su estatua, sin atreverse a pedir directamente que aquella figura de marfil cobre vida. Venus comprende su deseo y manifiesta su aprobación haciendo crecer tres veces la llama del altar. Al regresar a casa, Pigmalión se acerca a la estatua y la besa. Entonces descubre que el marfil comienza a ablandarse y calentarse bajo sus manos, como la cera al sol. Al tocarla nuevamente, percibe que bajo la piel laten sus venas: la estatua se ha convertido en un cuerpo humano vivo. La joven corresponde finalmente a sus besos, se sonroja y abre los ojos para contemplar a su amante. Venus asiste después a la boda de ambos, y de su unión nace Pafo, cuyo nombre recibirá posteriormente la ciudad de la isla de Chipre.
