
Job 42 es el cuadragesimosegundo (y último) capítulo del Libro de Job en la Biblia hebrea o el Antiguo Testamento de la cristiandad . El libro es anónimo; la mayoría de los estudiosos creen que fue escrito alrededor del siglo VI a. C. La primera parte de este capítulo pertenece a la sección de diálogo de Job 32:1–42:6 y la segunda parte es el epílogo del libro que comprende Job 42:7–17.
El texto original está escrito en lengua hebrea. Este capítulo se divide en 17 versículos.
Algunos manuscritos antiguos que contienen el texto de este capítulo en hebreo pertenecen al Texto masorético, que incluye el Códice de Alepo (siglo X) y el Codex Leningradensis (1008). Se encontraron fragmentos que contienen partes de este capítulo en hebreo entre los rollos del mar Muerto, incluyendo 4Q100 (4QJobb; 50–1 a. C.) con los versículos 15–17 conservados.
Job 42 |
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RESPUESTA ÚLTIMA DE JOB |

La estructura del libro es la siguiente:
Dentro de la estructura, el capítulo 42 consta de dos secciones que se agrupan por separado, tal y como se muestra en el siguiente esquema:
Después de que YHWH habla con Job (Job 38:1–Job 40:2), Job da una respuesta tentativa (Job 40:3–5), por lo que YHWH continúa con un segundo discurso (40:6–41:34), que incluye descripciones detalladas de Behemoth y Leviathan, lo que provoca una respuesta más definitiva de Job, como se señala en este pasaje (Job 42:1–6). Esta vez Job admite que ha obtenido una «comprensión más precisa» sobre YHWH y sobre sí mismo como «mortal finito bajo la autoridad de YHWH».
Los versículos 2-6 tienen la siguiente estructura:
Aquí Job distingue entre la «experiencia de segunda mano» («mis oídos habían oído»; «rumores») y la «experiencia de primera mano» («ahora mis ojos te ven»), lo que le da una mejor comprensión (versículo 6).

El epílogo en prosa consta de dos conclusiones: la primera parte contiene el elogio de YHWH a Job por hablar correctamente y la reprimenda de YHWH a los tres amigos de Job (versículos 7-9) y la segunda parte describe la restauración de Job, una vida completa con siete hijos y tres hermosas hijas adicionales, junto con abundantes posesiones, disfrutando incluso de dos vidas adicionales y viendo cuatro generaciones de descendientes hasta que muere «viejo y lleno de días» (versículos 10-17).
Los amigos de Job intentaron proteger la reputación de YHWH insistiendo en que Job debía haber pecado, lo que es extrapolar el principio de la retribución divina, que reducía a YHWH a una «deidad predecible» confinada a una fórmula fija. Por otro lado, a pesar de las quejas de Job sobre la justicia y la equidad de Dios, Dios conoce perfectamente lo que hay en el corazón de Job y lo ha evaluado basándose en ese perfecto conocimiento.
«pero está escrito que resucitará con aquellos a quienes el Señor resucita»
. Bengel sugiere a partir de esta redacción que Job podría haber estado entre aquellos cuyos cuerpos fueron resucitados tras la muerte de Jesús en el Evangelio de Mateo (Mateo 27:52).
La sección poética del libro culmina con las palabras de Job, que responden a dos preguntas que Dios le había hecho. Ante la primera (v. 3), admite haber hablado sin comprender la totalidad de la realidad creada, sin percibir la armonía que incluyen incluso seres que parecen inútiles o dañinos; es una respuesta de carácter sapiencial. Frente a la segunda (v. 4), confiesa con fe que Dios se le ha revelado personalmente: ahora lo ha visto con sus propios ojos (v. 5), como lo hicieron Moisés y los profetas. Esta experiencia lo consuela y lo lleva al arrepentimiento. Más que las palabras escuchadas, ha sido el encuentro directo con Dios lo que ha transformado su vida.
Una cosa es oír de Ti, otra verte delante de los ojos, que como delante del sol se aclara todo y huyen sin dejar rastro de sí las tinieblas, ansí tu rostro resplandeciente, amanecido en el alma, hace huir della toda ignorancia y error. Assí que ahora que te veo a Ti, me reprendo y me repruebo a mí, y me duelo amargamente de te haber en alguna manera ofendido.
El epílogo en prosa presenta la plena rehabilitación de Job: como sabio, por hablar con acierto; y como persona, por dialogar con sus adversarios y ofrecerse a interceder por ellos. Es probable que esta parte, junto al prólogo, formara parte del relato original, ya que comparten estilo y estructura. Aunque algunos ven en este desenlace una contradicción con el mensaje del libro —pues parece confirmar que a los justos les va bien y a los malos mal—, en realidad muestra la misericordia de Dios, que busca la salvación de todos, a veces incluso a través del sufrimiento, como en Job.
En este final, la figura de Satán desaparece, quizá por no ser relevante para la cuestión central. Los amigos de Job, que creían defender a Dios, deben admitir su error al no hablar con rectitud (vv. 7-8) y volverse a Él, ya que sólo en el encuentro con Dios está la verdad. Job, por su parte, recibe la compasión y el reconocimiento de sus allegados (vv. 10-11), y es bendecido con hijos, riquezas y una larga vida (vv. 12-17). El mensaje final es claro: Dios no se rige por la lógica humana; son los hombres quienes deben confiar en Él y admirar su grandeza.
La qesitáh, o moneda de plata en hebreo, era una pieza de alto valor utilizada para resolver asuntos importantes de familia. Su entrega, junto con un anillo de oro, indica que la familia tenía buena posición económica y, sobre todo, que Job fue plenamente reintegrado a ella con todos sus derechos.
La bendición de Dios trae a Job numerosos hijos y gran riqueza. Llama la atención la importancia dada a sus hijas: heredan junto a sus hermanos, son consideradas las más hermosas del país y llevan nombres significativos. Yamimá, del árabe 'Jamama', significa Paloma; Casia alude probablemente a la acacia, árbol muy apreciado por su belleza; y Queren-Hafuc o 'Cuerno de Antimonio' designa un valioso frasco de perfumes. Los Padres de la Iglesia, que ven en Job una figura de Cristo, aplican también a él esta restauración final.
Job recobró la salud y la fortuna. También el Señor, al resucitar, otorgó a los que creen en Él no sólo la salud, sino la inmortalidad, y recobró el dominio de toda la naturaleza, como Él mismo atestigua cuando dice: Todo me lo ha dado mi Padre. Job engendró nuevos hijos en sustitución de los anteriores. También el Señor engendró a los santos apóstoles como hijos suyos, después de los profetas. Job, lleno de felicidad, descansó por fin en paz. Y el Señor permanece bendito para siempre, antes del tiempo y en el tiempo, y por los siglos de los siglos.
La narración finaliza con una expresión empleada también para describir la muerte de los patriarcas. Los Padres de la Iglesia la interpretan como una imagen de la plenitud de bienes reservada a los justos en la vida eterna. Tomás de Aquino recoge esta interpretación y la desarrolla en su comentario:
Por la plenitud de días se designa la abundancia tanto de los bienes materiales como de los bienes de la gracia, con los cuales fue llevado Job a la gloria que dura por los siglos de los siglos.