Matuta

Mater Matuta (Altes Museum, Berlín)

En la antigua religión romana Matuta, posteriormente Mater Matuta, fue la diosa de la mañana o la aurora. Era en Roma objeto de culto y su fiesta, las Matralias, se celebraba el 11 de junio. A este culto tenían acceso las mujeres casadas una sola vez y cuyo marido vivía. Las esclavas estaban rigurosamente excluidas.

Los especialistas dicen que Mater Matura también era una diosa de la fertilidad, los partos y la maduración del grano. Tuvo un templo situado cerca del Foro Boario (del mercado de ganados), donde actualmente se encuentra la iglesia de Sant'Omobono. El carácter astral de la diosa se reflejaba en su santuario de Satricum, una ciudad del Lacio donde la diosa alcanzó una posición muy destacada.

Esta antiquísima divinidad itálica posee un carácter polifacético, compartiendo funciones astrales con la diosa romana Aurora, una asimilación mitológica con la griega Leucótea y paralelismos iconográficos con la Astarté chipriota.

Etimología

Se ha señalado que el teónimo Matuta se encuentra estrechamente vinculado a nivel filológico con vocablos latinos que remiten a lo temprano, lo oportuno o lo maduro, tales como mane («a buena hora»), matutinus («matutino»), maturus («maduro») e incluso manes («espíritus»).

En Ovidio

Durante la fiesta de las Matralias, las madres romanas acuden al Foro Boario, cerca del Gran Circo y de los puentes del Tíber, para ofrendar tortas sagradas en el templo que el rey Servio Tulio erigió a la Madre Matuta.

Esta diosa fue originalmente Ino, la hija de Cadmo y tía de Baco. Tras la trágica muerte de Sémele, Ino crio con devoción al pequeño dios del vino, lo que desató la furia de Juno. La venganza de la reina de los dioses enloqueció a Atamante, el esposo de Ino, quien asesinó a su propio hijo Learco. Desesperada y de luto, Ino tomó en brazos a su otro hijo, Melicertes, y se lanzó al mar desde el istmo de Corinto. Las nereidas las rescataron y las guiaron en un viaje por el Mediterráneo hasta la desembocadura del río Tíber.

Al llegar a las tierras del Lacio, que en ese entonces gobernaba el arcadio Evandro, Juno intentó destruirla de nuevo disfrazándose e incitando a las bacantes locales para que atacasen a Ino y le arrebataran a su hijo. Ino suplicó ayuda a los dioses locales y sus gritos fueron oídos por Hércules, quien se encontraba cerca con el ganado de Gerión. Al ver al héroe, las bacantes huyeron. Hércules reconoció a Ino y la puso a salvo.

El rumor de su llegada se extendió y la profetisa Carmenta la recibió en su hogar, ofreciéndole unas sencillas tortas recién cocinadas para calmar su hambre. Agradecida por este gesto, la diosa aún prefiere estas ofrendas rústicas en su altar. Fue allí donde Carmenta, poseída por un trance divino, profetizó su inmortalidad: Ino se transformaría en la diosa marina Leucótea para los griegos y en Matuta para los romanos; su hijo Melicertes se convertiría en el dios de los puertos, llamado Palemón por los griegos y Portuno por los romanos.

Ovidio explica también el origen de los dos rituales más extraños de su fiesta. El veto absoluto a las esclavas se debe a que una sirvienta fue la amante de Atamante y delató a Ino cuando esta tostó las semillas de trigo, provocando la esterilidad de los campos. Por último, Ovidio advierte que, dado que Ino fue una madre desgraciada con sus propios hijos pero una excelente cuidadora de su sobrino Baco, las matronas no deben rezarle por su propia descendencia, sino por la salud de sus sobrinos.

En Lucrecio

Lucrecio ofrece un testimonio clave de su función astronómica original como personificación del alba. De la misma manera, a una hora ya establecida, Matuta esparce la rosada aurora por las regiones del cielo y despliega la luz. Esto ocurre bien porque el mismo sol, al regresar de debajo de la tierra, empieza a iluminar el firmamento intentando encenderlo con sus rayos, o bien porque los fuegos se agrupan y muchas semillas de calor suelen confluir habitualmente a esa hora exacta, haciendo que los rayos del sol renazcan siempre nuevos cada mañana. Es tal como cuentan que sucede al despuntar el alba desde las altas cumbres del monte Ida: primero se observan luces dispersas en el horizonte, las cuales luego se van reuniendo como en una bola hasta formar una esfera perfecta.

Referencias

  1. 1 2 3 Lucrecio: De rerum natura, V, 656
  2. ↑ Agustín de Hipona: La ciudad de Dios, IV, 8
  3. ↑ Alfred Ernout y Antoine Meillet: Dictionnaire étymologique de la langue latine. Esta obra explica cómo Matuta funciona originalmente como un adjetivo sustantivado femenino a partir de la raíz *mā- (bueno, temprano, maduro). Detalla que el nombre propio de la divinidad del amanecer es Matuta, y que el añadido Mater es un título honorífico posterior común a la liturgia romana (antepuesto también a otras diosas como Vesta Mater o Terra Mater).
  4. ↑ Plutarco: Cuestiones romanas, 16
  5. ↑ Pierre Grimal: Diccionario de mitología griega y romana, voz «Mater Matuta»
  6. ↑ Gary Forsythe (2005): A critical history of early Rome. Berkeley: University of California Press.
  7. ↑ Tito Livio: Ab urbe condita, V, 19
  8. ↑ Las excavaciones en el Foro Boario de Roma sacaron a la luz los templos gemelos de Mater Matuta y Fortuna, datados originalmente en la época monárquica (siglo VI a.C.) bajo el reinado de Servio Tulio.
  9. ↑ Birgitte Ginge: Utilitarian Pottery from Satricum (publicaciones del Nederlands Instituut te Rome); Conrad M. Stibbe: Lapis Satricanus
  10. 1 2 3 4 5 6 Ovidio: Fastos, VI, 473-562
  11. ↑ Cicerón: Tusculanae Disputationes (I, 12 y III, 27) y De natura deorum (III, 48)
  12. ↑ Jacques Heurgon: The Inscription of Pyrgi en Journal of Roman Studies (JRS); Timothy Gantz: The Dawn of Romance: Mater Matuta
  13. ↑ Dimitris Mantzilas (2018): Mater Matuta: An overview of her cult. 30 articles and Essays. Ioannina: Carpe Diem Publications.

Véase también

Enlaces externos