| Grigori Rasputín | ||
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| Información personal | ||
| Nombre en ruso | Григорий Распутин | |
| Nacimiento |
21 de enero de 1869 Pokróvskoye (Imperio ruso) | |
| Fallecimiento |
30 de diciembre de 1916 (47 años) San Petersburgo (Imperio ruso) | |
| Causa de muerte | Herida por arma de fuego | |
| Religión | Cristianismo | |
| Familia | ||
| Padres |
Efim Yákovlevich Rasputín Anna Vasilevna Rasputina | |
| Cónyuge | Praskovia Fyodorovna Dubrovina | |
| Hijos | Maria Rasputina | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Místico, ocultista, político, campesino, monje, Bauer (de) y consultor | |
Grigori Yefímovich Rasputín (en ruso: Григо́рий Ефи́мович Распу́тин; Pokróvskoye, 9 de enerojul./ 21 de enero de 1869greg.-Petrogrado, 17 de diciembrejul./ 30 de diciembre de 1916greg.) fue un místico ruso con una gran influencia en los últimos días de la dinastía Románov. Rasputín es la transcripción procedente de la pronunciación francesa, mientras que la forma correcta de la pronunciación rusa es Raspútin.
En su lugar de origen pretendía darse una apariencia de Jesucristo y tenía fama de sanador mediante el rezo, razón por la cual, y gracias a una amiga de la zarina llamada Anna Výrubova, en 1905 fue llamado al palacio de los zares para cortar una hemorragia de su hijo y heredero Alekséi Nikoláyevich Románov, que padecía de hemofilia. El zarévich efectivamente mejoró —algunos investigadores suponen que fue mediante hipnosis— y la familia Románov, especialmente la zarina Alejandra, cayó bajo la influencia de este controvertido personaje.
Rasputín nació y se crio en un pequeño pueblo de Siberia Occidental llamado Pokróvskoye, que pertenecía entonces a la región de Tobolsk, actual óblast de Tiumén, y está a unos 300 km al este de los Urales, en la orilla izquierda (norte) del río Turá. Es posible que, como era habitual entre los campesinos rusos, su nombre derivara de un seudónimo y proviniera de la palabra rasputnyi («disoluto»). El registro de la parroquia local contiene la siguiente entrada el 10 de enerojul./ 22 de enero de 1869greg.: «En el pueblo de Pokróvskoye, en la familia del campesino Yefim Yákovlevich Rasputin y su esposa, ambos ortodoxos, nació un hijo, Grigori». Al día siguiente fue bautizado y nombrado en honor de San Gregorio de Nisa, cuya fiesta se celebra el 10 de enero.
Grigori fue el quinto de nueve hijos. Solo sobrevivieron dos: él y su hermana Feodosia. Nunca asistió a la escuela; según el censo de 1897, casi todo el pueblo era analfabeto. En Pokróvskoye, el joven Rasputín era considerado un extraño, pero dotado de dones misteriosos.
«Sus extremidades se sacudían, movía los pies y siempre mantenía las manos ocupadas. Pese a algunos de sus tics físicos, llamaba la atención».
Lo poco que se sabe sobre su infancia fue transmitida por su hija María. Según ella, a los catorce años la idea de que «el Reino de Dios está en nosotros» le hizo «correr a esconderse en el bosque, temeroso de que la gente notara que le había ocurrido algo inimaginable». Cuando se hubo recuperado, volvió a casa con «la sensación de una luminosa tristeza». Más o menos a esa edad, harto de soportar que otros niños lo llamasen «enclenque», un día se resolvió y les agredió. Aunque se arrepintió de aquello, pues no era violento, se hizo más sociable desde entonces y fue capaz de ir al mercado de Tiumén (80 km al oeste) a vender el centeno de su padre. Sin embargo, en conjunto, Rasputín siguió siendo un muchacho demasiado disperso como para convertirse en un hombre de provecho. Empezó a beber y lo detuvieron junto con otros por el robo de unos caballos. Finalmente, la asamblea rural lo absolvió, aunque los demás fueron desterrados a la Siberia Oriental.

El 2 de febrero de 1887, Rasputín se casó con Praskovia Fiódorovna Dubróvina, tres años mayor que él, con quien tuvo tres hijos: Dmitri, Varvara y María. Dos hijos anteriores a ellos murieron muy niños. En 1892, Rasputín dejó abruptamente su aldea, esposa, hijos y padres. Pasó varios meses en un monasterio de Verjoturie (hoy en el óblast de Sverdlovsk). El autor Aleksandr Spiridóvich sugirió que lo hizo por la muerte de un niño, pero el monasterio fue ampliado en aquellos años para recibir más peregrinos. Ingresó poco después en una secta cristiana condenada por la Iglesia ortodoxa rusa conocida como jlystý («flagelantes»), quienes creían que para llegar a la fe verdadera hacía falta el dolor. En las reuniones de esta secta, las fiestas y orgías eran constantes y Grigori se convirtió en un acérrimo integrante. El ingreso en esta congregación marcó al profeta siberiano de por vida —esto explicaría la notoria vida sexual que tuvo en años posteriores y que acabó ennegreciendo su reputación de hombre santo—. Posteriormente llevó una vida de ermitaño hasta que conoció al hermano Macario, un iluminado que tuvo una fuerte influencia sobre Rasputín, pues llevó a Grigori a renunciar a beber y comer carne. Cuando regresó a casa, se había tornado un ferviente converso.

Rasputín fue presentado al zar Nicolás II el 1 de noviembre de 1905 en el Palacio Peterhof. El propio emperador dejó constancia del encuentro en su diario personal, donde consignó que él y la emperatriz Alejandra Fiódorovna habían conocido a «un hombre de Dios, Grigori, de la provincia de Tobolsk». Tras esta audiencia inicial, Rasputín regresó a su localidad natal de Pokróvskoye y no volvió a San Petersburgo hasta julio de 1906.
A su retorno a la capital imperial, Rasputín envió un telegrama al zar solicitando autorización para obsequiarle un ícono de San Simeón de Verjoturie. Posteriormente, se reunió nuevamente con Nicolás II y la emperatriz el 18 de julio de 1906, y en octubre del mismo año fue presentado formalmente a los hijos del matrimonio imperial.
La influencia de Rasputín no se limitó al círculo íntimo de la familia imperial, sino que se extendió a sectores relevantes de la aristocracia rusa. Este ascendiente fue atribuido principalmente a su fuerte carisma personal, caracterizado por una mirada fija y penetrante —cabello castaño y ojos azules de tonalidad clara—, un discurso ambiguo y elíptico, de estructura poco convencional, percibido por algunos contemporáneos como de naturaleza oracular, y una notable capacidad de sugestión interpersonal. Asimismo, su ascendiente sobre mujeres de la alta sociedad fue explicado por la combinación de su presencia física, su intuición psicológica, su familiaridad con las Escrituras y su adscripción a determinadas corrientes de la religión popular rusa, vinculadas a tradiciones místicas heterodoxas como la del jlystý.
Este fenómeno se desarrolló en un contexto cultural marcado por el romanticismo filoeslavo, en el cual Rasputín, oriundo de la Siberia rural, enfatizaba su identidad rusa en contraste con la aristocracia cortesana, estrechamente vinculada por lazos familiares y culturales a la nobleza europea, en particular alemana.

Paralelamente, Rasputín fue objeto de una creciente hostilidad por parte de sectores de la nobleza y de la corte que percibían su influencia como una amenaza a sus intereses políticos y sociales. Estas facciones promovieron campañas de descrédito y rumores que fueron aprovechados por círculos opositores y por movimientos revolucionarios contrarios al régimen zarista. Aunque la relación del zar con Rasputín estuvo mediada en gran medida por la confianza de la emperatriz, diversas fuentes contemporáneas señalaron que ninguna decisión relevante de la corte se adoptaba sin que su opinión fuera, al menos, considerada.
El 12 de julio de 1914, una campesina de 33 años llamada Jionia Guseva intentó asesinar a Rasputín apuñalándolo en el estómago frente a su casa en Pokróvskoye. Rasputín se había enterado recientemente por la zarina de que Rusia se preparaba para la guerra, y había salido de su hogar para enviar un telegrama instando al zar a evitar el conflicto. Rasputín resultó gravemente herido y, durante un tiempo, no estuvo claro si sobreviviría. Tras someterse a una intervención quirúrgica y pasar un tiempo en un hospital logró recuperarse.
Durante la Primera Guerra Mundial, Rasputín fue acusado por sus detractores de actuar como espía del Imperio alemán y de ejercer una influencia indebida sobre la emperatriz Alejandra, de ascendencia alemana, especialmente en los nombramientos ministeriales efectuados durante las ausencias del zar en el frente. Estas acusaciones contribuyeron significativamente al deterioro de la imagen pública de la monarquía y a la erosión de su legitimidad política.
Rasputín fue considerado una figura central en la vida del zarévich Alekséi Nikoláievich, heredero al trono, quien padecía hemofilia. En este contexto, actuó como una suerte de sanador personal, empleando métodos que diversos testimonios describieron como sugestivos o hipnóticos, y que coincidieron con remisiones temporales de los episodios hemorrágicos del niño. Estas intervenciones reforzaron la confianza absoluta de la emperatriz en Rasputín, al considerar inexplicables los efectos observados desde una perspectiva médica contemporánea.
La estabilidad de la dinastía Románov quedó así estrechamente vinculada a la figura de Rasputín, dado que la supervivencia del heredero era un elemento crucial para la continuidad del régimen. Además, la emperatriz otorgó crédito a las visiones y vaticinios atribuidos al místico sobre el destino de la «santa Rusia», a la que Rasputín describía, según testimonios, como sumida en una profunda crisis moral y espiritual.
En el gobierno y en la corte se consideraba que la influencia de Rasputín sobre el zar y la zarina era nefasta en un momento en que la situación de la monarquía ya era muy crítica. El primer ministro Aleksandr Trépov le ofreció doscientos mil rublos para que regresase a su pueblo natal y fracasó. Posteriormente, a principios de 1916, hubo una tentativa de asesinato contra Rasputin que fue planeada por el entonces exministro del Interior, Alekséi Jvostov. Finalmente, la conjura que tuvo éxito fue la del príncipe Félix Yusúpov, en la que también estaban implicados un líder derechista de la Duma, Vladímir Purishkévich, y dos grandes duques, Demetrio Pávlovich y Nicolás Mijáilovich.

Yusúpov, Purishkévich y el gran duque Demetrio planearon atraer a Rasputín al palacio de Yusúpov con la excusa de que se reuniría con la esposa de este, la gran duquesa Irina Alexándrovna. Así, a pesar de haber recibido una advertencia previa del peligro el mismo 16 de diciembrejul./ 29 de diciembre de 1916greg., Rasputín se presentó en el palacio poco después de medianoche. Allí Yusúpov lo hizo esperar a la gran duquesa, mientras esta supuestamente atendía a otros invitados, en una estancia del sótano donde le sirvió vino y unos pasteles envenenados con cianuro. Exasperado porque el veneno parecía no hacer efecto, Yusúpov le disparó un tiro con una pistola Browning y lo dejó por muerto mientras se preparaba para salir a deshacerse del cadáver. No obstante, Rasputín había sobrevivido y Purishkévich, después de fallar en dos ocasiones, lo derribó con otros dos disparos de los que uno lo alcanzó en la espalda y el otro, definitivamente mortal, en la frente. Después arrastraron el cuerpo con cadenas de hierro y lo arrojaron al río Nevá. Fue encontrado el 18 de diciembrejul./ 31 de diciembre de 1916greg.. Rasputín fue enterrado junto al palacio de Tsárskoye Seló en enero de 1917. Después de la Revolución de Febrero, su cuerpo fue desenterrado y quemado en el bosque de Pargolovo, donde las cenizas fueron esparcidas.
Las interpretaciones contemporáneas sobre la muerte de Grigori Rasputín han sido objeto de revisión crítica por parte de la historiografía y de estudios forenses modernos, particularmente con motivo del centenario de su asesinato. La historiadora Carolyn Harris, investigadora de la Universidad de Toronto (Canadá), sostiene que los acontecimientos reales habrían sido sustancialmente menos complejos y dramáticos que la versión difundida por Félix Yusúpov, uno de los principales implicados en el magnicidio.
De acuerdo con testimonios familiares recopilados posteriormente, en particular los de su hija Maria Rasputina, Rasputín no consumía alimentos dulces, lo que pone en duda la veracidad del presunto intento de envenenamiento mediante pasteles y vino con cianuro descrito en los relatos tradicionales. Asimismo, el informe de autopsia elaborado por el cirujano oficial no consigna signos compatibles con envenenamiento ni con muerte por ahogamiento, registrando como causa del fallecimiento una herida de bala única en la cabeza, efectuada a corta distancia.
Investigaciones históricas posteriores han planteado la posible participación del servicio de inteligencia británico en el asesinato, en el contexto de la Primera Guerra Mundial y de la preocupación del Reino Unido por una eventual retirada rusa del conflicto. Según estas hipótesis, el agente británico Oswald Rayner, residente en Petrogrado en ese período, habría intervenido directamente en el desenlace fatal, actuando bajo la supervisión de su superior John Scale.

El culto popular a Grigori inició a finales del XX. Su posible canonización llegó a ser apoyada por algunos miembros y líderes de la Iglesia ortodoxa rusa, especialmente por los pertenecientes a grupos internos ultranacionalistas. En 2003, la comisión para la canonización de los santos de la Iglesia ortodoxa aceptó tratar su caso junto al de Iván IV, siendo finalmente rechazado en 2006. El patriarca Alejo II criticó al movimiento que pedía la canonización de Rasputín, mencionando que la conocida promiscuidad del místico debería ser suficiente para zanjar cualquier discusión al respecto.
La novelesca vida de Rasputín y las anécdotas y leyendas que corrían sobre él lo convirtieron en un personaje popular y en sujeto de diversas obras de ficción casi desde el momento de su muerte. Entre ellas, cabe destacar: