

Venus (en latín clásico: Vĕnus en nominativo, Veneris en genitivo) es la diosa del amor —la belleza y el deseo— de la mitología romana, asociada con la fertilidad, la sexualidad y los jardines. En el culto era adorada y festejaba en muchas fiestas y mitos religiosos romanos y en la poesía era la más hermosa de las deidades. Desde el siglo III a. C., la creciente helenización de las clases altas romanas la identificó con la diosa griega Afrodita. Su nombre nos ha legado varios vocablos, como «venerar», «venera» y «venéreo».
Era la esposa de Vulcano. Julio César la adoptó como su protectora y Virgilio, como halago a su patrón Augusto y a la gens Julia, señaló que Venus era el ancestro femenino del pueblo romano a través de su legendario fundador Eneas y su hijo Ascanio. A Venus le estaban consagrados el mirto, la rosa, la paloma y la concha. Era uno de los dioses Consentes y también uno de los dioses elegidos (di selecti) de Varrón. Este también dice que Venus es la protectora de los jardines.
Venus era identificada con la diosa griega Afrodita y la etrusca Turan, tomando aspectos prestados de ambas. Como con la mayoría de las demás deidades del panteón romano, el concepto literario de Venus está cubierto por las ropas tomadas de los mitos griegos literarios de su equivalente, Afrodita. La anterior diosa etrusca o latina de la vegetación y los jardines pasó a ser relacionada deliberadamente con la griega Afrodita.
Según la Eneida de Virgilio, como equivalente romano de Afrodita, Venus no llegó a tener una personalidad tan marcada en su sensualidad o crueldad como la griega, aunque conservara sus atributos y símbolos, como la manzana dorada de la discordia. Lucrecio dedica a Venus su De la naturaleza de las cosas (De rerum natura), su famoso poema, en las primeras líneas, donde ella trae a la humanidad por azar, una visión que, a nivel molecular, y despojado de su antropomorfismo, es equivalente a lo descubierto por la ciencia moderna.
Según Cicerón, en su De Natura deorum, existieron hasta cuatro diosas Venus. La primera Venus, cuyo santuario está en Élide, nació de Cielo (Caelus) y Día (Dies). La segunda Venus fue procreada de la espuma, y tenemos entendido que de ella y de Mercurio nació el segundo Cupido. O bien esta Venus nació de Éter y Océano. La tercera Venus nació de Júpiter y de Dione, y es la que se desposó con Vulcano, mientras que de ella y de Marte se dice que nació Anteros o Cupido. La cuarta Venus fue concebida por Siria y Chipre; es la llamada Astarté, que, según la tradición, se desposó con Adonis.
Se dice que hubo caído un huevo de magníficas proporciones en el río Éufrates, el cual fue depositado por los peces en un lecho. Las palomas se situaron sobre él, y cuando obtuvo el suficiente calor emergió de él Venus, quien más tarde fue conocida como la diosa Siria (Atargatis). Como ella sobresalía del resto por su justicia y honradez, gracias a un favor otorgado por Júpiter los peces fueron puestos entre las estrellas; debido a esto los sirios no comen peces ni palomas, pues los consideran divinidades.
Saturno estaba enfadado con su padre Cielo (Caelus) y le cortó su miembro viril con una hoz. Venus había nacido de la sangre de su herida en contacto con la espuma del mar. O bien fue Júpiter quien cortó los testículos de su padre Saturno. Venus primero se desposó con Vulcano pero luego cometió adulterio con Marte hasta que el Sol denunció esta infidelidad. La unión entre Marte y Venus es más común entre poetas y filósofos que en la religión, obviamente influenciados por el mito griego. Tuvieron dos hijas: Harmonía y Formido. De Cupido algunos dicen que era hijo de Venus sin padre, pero otros dicen que el amante de Venus y padre de Cupido era ora Marte, ora Vulcano. Otros añaden que Anteros, identificado como Cupido, nació de Venus y Marte. Venus y Mercurio fueron los padres de Cupido y Atlantio. Virgilio dice que Cupido es hijo de Júpiter y de su propia hija Venus, de modo que Júpiter era a la vez su padre y su abuelo. Cuando Neptuno observó a Venus paseando por las orillas del mar de Sicilia tuvo relaciones con ella. Embarazada por él, tuvo un hijo al que llamó llamó Érice.
El mirto estaba consagrado a Venus. Se dice que cierta Mirina, una doncella muy hermosa, estaba prometida a cierto hombre. Fue secuestrada por unos bandidos pero consiguió escaparar y consagrada como sacerdotisa de Venus. Cuando su prometido se estaba desposando con ella Venus la mató y la convirtió en un arbusto de aroma agradable. La paloma también estaba consagrada a Venus y otro mito nos lo hace saber. Un día Venus y Cupido bajaron a cierto prado para divertirse y ver quién era capaz de recoger más flores en una competición amistosa. Resulta que Cupido, por tener la rapidez de sus alas, consiguió reunir más flores. Pero cierta ninfa, llamada Perístera, corrió a auxiliar a Venus, la ayudó a recoger flores y además la declaró vencedora de la competición. Cupido, irritado, transformó a la ninfa en paloma, que los griegos dicen peristerá (περιστερά), pero desde entonces Venus acogió a ese ave bajo su protección.
Las Fábulas de Higino nos hablan de diversos episodios mitológicos en los que interviene Venus. Para este autor Venus era hija de Júpiter y Dione. Cuando Vulcano supo que Venus había yacido secretamente con Marte, y que no se podía oponer a su fuerza, construyó una cadena inquebrantable y la puso alrededor del tálamo para capturar a Marte con su astucia. Cuando Marte acudió a la cita, cayó junto con Venus en la trampa y de esta manera ambos no se podían separar. De su abrazo nació Harmonía, a quien Minerva y Vulcano entregaron una túnica «habida del oprobio» como presente. Debido a esto sus descendientes quedaron marcados profundamente por el infortunio. Sin embargo Venus, debido a su falta de discreción, fue siempre hostil a Sol y a su estirpe. Pasífae, hija de Sol y esposa de Minos, no había hecho ofrendas a la diosa Venus a lo largo de muchos años. Debido a esto, Venus le inspiró un deseo antinatural hacia un toro. Cuando Minos, hijo de Júpiter, se presentó para atacar a Niso, Escila, hija de Niso, se enamoró de él por mediación de Venus y traicionó a su padre.
Durante la expedición de los argonautas Venus salvó a Butes del mar y lo mantuvo a salvo llevándoselo al Lilibeo. En la isla de Lemnos las mujeres no había hecho sacrificios en honor de Venus durante unos cuantos años y Venus se encolerizó con ellas y sus maridos se casaron con mujeres tracias y repudiaron a las primeras. Las lemníades se conjuraron, instigadas por la propia Venus, y mataron a todos los hombres que había allí, salvo Hipsípila, salvó a su padre Toante. Jasón no podía salir victorioso de la expedición sin la sabiduría de Medea, por lo que Juno le pidió a Venus que infundiese amor por Medea. Por instigación de Venus, Jasón fue amado por Medea y, gracias a ella, quedó libre de todo peligro.
Mientras Proserpina estaba recogiendo flores con Venus, Diana y Minerva, Plutón apareció en su carro tirado por cuatro caballos, y entonces la raptó. Esmirna era la hija de Cíniras y Cencreide; esta alardeó orgullosamente que su hija excedía a Venus en belleza. Venus, para castigar a la madre, insufló un amor prohibido a Esmirna, quien se enamoró de su padre. Más tarde Venus se apiadó de ella, y la convirtió en un tipo de árbol del cual florece la mirra; Adonis, nacido de él, buscó venganza por causa de su madre hacia Venus. Juno y Venus se burlaron de Minerva porque era ojizarca e inflaba los carrillos cuando usaba la flauta. Minerva arrojó la flauta y esta fue recogida por Marsias. Apoyó a Hipómenes cuando se disponía a competir para ganarse la mano de Atalanta. Había recibido de Venus tres manzanas de insigne belleza, y había aprendido cómo hacer uso de ellas. Como Hipómenes no fue agradecido la diosa se vengó: mientras él ofrecía sacrificios en el monte Parnaso en honor a Júpiter Victorioso, se encendió el de pasión y yació con Atalanta en el santuario. Por este hecho Júpiter los convirtió en león y leona, a los que los dioses les niegan los placeres de Venus.
Venus como madre del héroe Eneas, está vinculada con el pueblo troyano y romano. Se dice que Venus amaba a Anquises y así yació con él. Por este concibió a Eneas, pero le previno de divurgarlo entre los hombres. Venus salvó a Eneas de morir a manos de Diomedes. Se dice que Juno, Venus y Minerva se atribuyeron el premio de belleza para cada una. Júpiter ordenó a Mercurio que llevase a Paris Alejandro al monte Ida, y que le diese la potestad de ser juez. Venus le prometió darle en matrimonio a Helena, hija de Tindáreo, la más bella de entre todas las mujeres. Paris juzgó a Venus como la más agraciada. Alejandro, con la connivencia de Venus, tomó a Helena de su anfitrión Menelao, desde Lacedemonia hasta Troya, y se casó con ella. Venus rescató a Alejandro de morir a manos de Menelao. Érice, hijo de Venus y de Butes, fue muerto por Hércules. A partir de su sepultura dio nombre al monte, monte en el que Eneas erigió un templo a Venus. Se dice que en este monte fue sepultado asimismo Anquises, aunque según Catón había llegado a Italia.

Su culto empezó en Ardea y Lavinio (Lacio). El 15 de agosto de 293 a. C. le fue dedicado su templo más antiguo del que se tiene constancia, y el 18 de agosto se instituyó la fiesta llamada Vinalia Rustica. El 25 de abril de 215 a. C. le fue dedicado un templo fuera de la Porta Colina en la colina Capitolina para conmemorar la derrota romana en la batalla del Lago Trasimeno.


Como otras deidades romanas importantes, a Venus se le atribuyen varios epítetos para aludir a sus diferentes aspectos o roles.
Otros epítetos significativos para Venus son: Amica (‘amiga’), Caelestis (‘celestial’).


El arte helenístico y romano produjo muchas variaciones sobre la diosa, a menudo basadas en el tipo praxiteliano de la Afrodita de Cnido. Muchos desnudos femeninos de esta época de escultura cuyos temas son desconocidos se suelen llamar en la moderna historia del arte «Venus», incluso si originalmente pudieran haber sido el retrato de una mujer mortal más que una imagen de culto de la diosa.
Algunos ejemplos son:
Venus se convirtió mucho después, con la recuperación del arte grecorromano como modelo, en un tema popular en la pintura y escultura del Renacimiento europeo. Como una figura «clásica» cuyo estado natural era la desnudez, era socialmente aceptable representarla sin ropas. Como diosa de la salud sexual, estaba justificado cierto grado de belleza erótica en sus retratos, lo que resultaba atractivo para muchos artistas y sus mecenas. Con el tiempo, «Venus» llegó a aludir a cualquier representación artística de una bella mujer desnuda en el arte posclásico, incluso si no había indicios de que se tratase de la diosa.
Algunas obras famosas son:



El nacimiento de Venus de Botticelli (c. 1482-1484)
En el arte prehistórico, desde el descubrimiento en 1908 de la llamada Venus de Willendorf, se suele llamar «Venus paleolíticas» a las pequeñas esculturas de formas femeninas redondeadas. Aunque se desconoce el nombre de la deidad realmente representada, el evidente contraste entre estas figuras de culto obesas y fértiles y la concepción clásica de Venus ha supuesto mayor resistencia para la terminología.

La leyenda medieval alemana de Tannhäuser conservó el mito de Venus mucho después de que su culto fuera desterrado por el cristianismo.
La historia alemana cuenta que el caballero y poeta Tannhäuser halló el Venusberg, una montaña con cuevas que contenían el hogar subterráneo de Venus, y pasó un año adorando allí a la diosa. Tras abandonar el Venusberg, Tannhäuser tuvo remordimientos y viajó a Roma para preguntar al papa Urbano IV si era posible que le absolvieran sus pecados.
Urbano contestó que el perdón era tan imposible como lo sería que su báculo floreciese. Tres días después de que Tannhäuser se marchara, el báculo de Urbano floreció. Se enviaron mensajeros a buscar al caballero, pero este ya había regresado al Venusberg y nunca volvió a ser visto.
Los mitógrafos clásicos, como ya se ha dicho, asociaron a Venus, en total, con Afrodita, Venilia, Astarté, Atargatis y Turan. Adicionalmente, Venus ha sido comparada con otras diosas del amor: Rembha (hindú), Milda (lituana), Frigg y Freyja (nórdica), Ishtar (mesopotámica), Isis (egipcia), Inanna (sumeria), Reitia (de los vénetos), Uni-Astre (láminas de Pyrgi), Suadela, Oxúm (yoruba) y Ushás en la religión védica y Afrodita (Griega). Ushás también está vinculada con Venus mediante un epíteto sánscrito que se le aplica, vanas- (‘adorabilidad’, ‘deseo’, ‘anhelo’), que es un cognado de Venus, sugiriendo una relación protoindoeuropea mediante la raíz reconstruida *wen-, ‘desear’.
Otra interesante asociación con Venus es el dios letón Auseklis (personificación de su cuerpo celestial), cuyo nombre procede de la raíz aus-, ‘aurora’. Tanto Auseklis como Mēness (‘luna’) son Dieva dēli (‘hijos del dios’).
