
En la mitología griega, Hefesto (en griego antiguo Ἥφαιστος, Hêphaistos; quizá de φαίνω, phaínō: ‘brillar’), era el dios del fuego, herrero de los dioses y descrito especialmente como cojo o patizambo. Era uno de los dioses olímpicos y el arquetipo del ‘artesano divino’ que destacaba por su tekné: la destreza de sus manos producía maravillosas obras siempre dignas de elogio. Para los expertos se trata de un dios de la metalurgia, fuego técnico, creación material, trabajos manuales y artesanía. Los himnos homéricos nos hablan de su principal papel: Hefesto era el fuego útil que ayudó a los hombres a prosperar y, especialmente, el patrón de los oficios manuales. Los romanos lo indentificaron con Vulcano.
En las fuentes griegas, Hefesto está asociado con la metalurgia, especialmente como forjador de armas y objetos divinos de manufactura exquisita. En el mundo de los hombres Hefesto patrocina a herreros y constructores y, por extensión, a orfebres.
«Canta, musa de voz clara, a Hefesto, célebre por su talento, el que enseñó espléndidos oficios a los hombres sobre la tierra, hombres que antes habitaban en grutas en los montes como fieras. Ahora, instruidos en los oficios por Hefesto, célebre por su destreza, pasan cómodamente la vida, hasta el día que cumple el año, en sus propias moradas».
En la mitología Hefesto tiene un papel secundario y algo marginal, y además nunca está integrado completamente. Mientras que los demás dioses olímpicos son perfectos, Hefesto es físicamente imperfecto y trabaja manualmente. Hesíodo dice que es hijo de Hera pero no tiene padre y Homero no aclara si Zeus es su padre. Su esposa, en la versión más común, es Afrodita, pero los poetas se mofan de él tildándolo de ‘cornudo’. También está emparejado cultualmente con Atenea.
Se dice que su tierra favorita es Lemnos, pero su fragua se encontraba en el Olimpo o en algún volcán de renombre. En su taller era servido por varios autómatas y otros objetos fantásticos, como unos trípodes que se movían por sí mismos. Hefesto tiene atributos iconográficos vinculados a la metalurgia (martillo, yunque, tenazas), así como también se le asocia el burro y el pilos (πῖλος, un gorro de fieltro asociado a los trabajadores). Su culto fue limitado en Grecia, aunque importante en Ática, donde tenía un templo en el Cerámico cerca de los talleres artesanales. El Hefestión es el templo de Hefesto mejor conservado a día de hoy. A través de la interpretatio graeca se identificó a Hefesto con Ptah en Egipto y Adrano en Sicilia.
Hefesto parece haber sido originalmente un demon del fuego natural, que con el tiempo se transforma en el dios griego de la forja y la metalurgia. En Homero incluso puede equivaler simplemente a “fuego”, pues menciona a menudo «el fuego de Hefesto» (φλὸξ Ἡφαίστου). Su origen se sitúa a menudo en Asia Menor, lo que encaja con su asociación en la épica a regiones periféricas como Lemnos, Troya, Tracia y Fenicia. Algunos estudios modernos han propuesto identificarlo con el dios fenicio Kothar-wa-Khasis, sugiriendo incluso un trasfondo común más antiguo (quizá minoico), apoyado por referencias ugaríticas a Creta como “trono de Kothar”. También se ha relacionado con una posible divinidad micénica (a-pa-i-ti-jo), aunque su etimología sigue siendo incierta.
Es representado como cojo: esta cojera ha sido interpretada como un mito etiológico ligado a la realidad de los artesanos herreros, que en la antigüedad solían tener menor desarrollo físico en las piernas. Hera, su madre, se había avergonzado de tener un hijo imperfecto, así que escondió a la criatura. Hefesto solo ha recibido dos epítetos: «etneo» (Αἰτναῖος), por estar asociado con el volcán Etna, y «cojitranco» (ἀμφιγυήεις, “que cojea de ambos pies”).
En contextos helenísticos Hefesto era reinventado como un héroe cultural. Diodoro Sículo, en efecto, dice que fue el descubridor de todas las técnicas para trabajar el hierro, el bronce, el oro y la plata y todo lo que se trabaja con el fuego. Descubrió además todas las otras aplicaciones del fuego y transmitió sus conocimientos a los que se dedican a las artes y a todos los demás hombres. Por esto los artesanos de estos oficios dirigen con preferencia a este dios sus plegarias y sacrificios, y tanto ellos como todos los demás hombres llaman al fuego «Hefesto», para recuerdo y honor imperecedero del beneficio que en un principio fue concedido a la vida de la comunidad.
Pausanias describe que, por encima del Cerámico de Atenas y del pórtico llamado “Real”, se encuentra un templo de Hefesto, y junto a él había una estatua de Atenea, en relación a Erictonio, primer rey de Atenas. En el Erecteón hay altares dedicados a Poseidón, Erecteo, Butes y Hefesto. Cicerón, por su parte, menciona en Atenas una célebre estatua de Vulcano (Hefesto), obra de Alcámenes, representado de pie y vestido, con una leve cojera que refleja su condición tradicional de dios lisiado. El léxico bizantino Suda recoge la festividad de las Calqueas, un antiguo festival ateniense asociado a Hefesto como dios de la metalurgia en Ática, celebrado el último día del mes de Pianepsión y vinculado a los artesanos, aunque en origen también pudo ser atribuido a Atenea o al conjunto del pueblo. El mismo léxico añade que en Atenas existían tres festivales con antorchas —las Panateneas, las Hefestias y las Prometeias— y que, según Istro, la carrera de antorchas se originó en los sacrificios a Hefesto, en memoria del descubrimiento del fuego y su enseñanza a los hombres. Dicho templo, conocido en la actualidad como el Hefestión o Tasio, destaca en la arqueología moderna por ser uno de los templos dóricos mejor conservados de toda la antigüedad grecorromana debido a su posterior conversión en iglesia cristiana.
En Élide, en el santuario de Olimpia, Pausanias menciona la existencia de un altar dedicado a Hefesto junto al del dios fluvial Alfeo, aunque en ocasiones los eleos lo identificaban con el llamado “Zeus guerrero”, lo que refleja una cierta asimilación cultual entre divinidades.
En Lemnos, el principal centro de culto de Hefesto en el mundo griego, el dios era venerado como señor de la isla y maestro de la fragua, considerada su morada predilecta; Homero ya la presenta como la ciudad que más amaba, mientras que Heródoto, Apolonio de Rodas, Quinto de Esmirna y Ovidio coinciden en describirla como “ciudad de Hefesto” o “isla de Vulcano”, vinculada además al culto de los Cabiros y a la tradición de su taller divino.
En Sicilia, su culto se localiza en torno al monte Etna y las islas Lípari, donde el fuego volcánico era interpretado como manifestación de su actividad; Apolodoro sitúa en la región una cueva de Hefesto asociada a los trabajos de Heracles, Eliano describe un santuario con fuego perpetuo, árboles sagrados y perros protectores del recinto, y Cicerón identifica las islas líparas como dominio del dios Vulcano, consolidando así su asociación con el mundo volcánico del sur de Italia.
Walter Burket entiende a Hefesto como parte del sistema de “dioses funcionales” pero siempre con carga ritual y peligrosa. Hefesto es la domesticación cultural del fuego peligroso. El fuego natural (destructivo) se transforma en fuego técnico (forja). Hefesto no es solo “artesano”, sino el control ritualizado del poder del fuego. Como consecuencias, la metalurgia es una forma de “domar lo peligroso”, el dios representa una técnica sagrada ambivalente y su cojera y marginalidad reflejan su conexión con lo “no plenamente integrado”.
Para Jean-Pierre Vernant Hefesto simboliza la tensión griega entre la polis (clase política superior) y la techné (trabajo manual socialmente inferior). Hefesto representa la técnica como alteridad dentro del orden cívico aristocrático. El trabajo manual no pertenece a la élite guerrera o política. El artesano es socialmente “otro” y Hefesto encarna esa posición ambigua: dios, pero marginado. Como rasgos clave señala que es un dios cojo (figura de exclusión simbólica), reside en el Olimpo pero sin pleno prestigio y además su función es productiva pero no política.
Para Marcel Detienne Hefesto no es “bajo” o “inferior”, sino una inteligencia distinta de la heroica: la inteligencia de la fabricación. Hefesto no es solo “trabajo manual”, sino inteligencia práctica aplicada (mêtis técnica). Su poder no es físico ni guerrero; es la capacidad de fabricar dispositivos eficaces; representa la inteligencia del “hacer funcionar cosas”. Detienne lo acerca a la idea de μῆτις (mêtis: astucia, ingenio técnico) y tecnología (como forma de inteligencia estratégica). Por esta razón se emparejan Atenea y Hefesto en el culto y los mitos.
Hefesto era hijo de Zeus y Hera pero no hay consenso acerca de cómo fue concebido. En la Teogonía se dice que Hera lo concibió por sí misma y sin unión sexual, como respuesta al nacimiento de Atenea. Esta había nacido brotada de la cabeza de Zeus y sin intervención femenina, por eso Hera, celosa de que Zeus hubiera prescindido de la unión conyugal con su legítima esposa, concibió a Hefesto. En la Ilíada Hefesto se refiere al «padre Zeus», pero no queda claro si se refiere a un título de cortesía o expresa una relación genealógica real. Apolodoro dice que Hefesto era hijo de Zeus y Hera, concebido de manera tradicional. Pausanias, recogiendo una tradición cretense registrada por Cinetón, dice que Hefesto (o Festo) era hijo de Talo y nieto de Cres.
Hefesto fue expulsado y arrojado del Olimpo por tener una apariencia imperpecta. Los mitos no se ponen de acuerdo, pero Zeus o Hera fueron los culpables. En la versión más reconocida, Hera, avergonzada por haber alumbrado un hijo cojo, escondió a la criatura de la vista de los demás dioses. Hefesto cayó en el mar, donde, como cuenta su mismo personaje en la Ilíada, dos diosas del mar, la nereida Tetis y la oceánide Eurínome, lo recogieron y lo cuidaron durante nueve años en una cueva a orillas del río Océano. Durante esa estancia Hefesto construyó a las diosas hermosos adornos de bronce, como broches, brazales, sortijas y collares. Apolodoro varía un poco esta versión. Dice que Zeus había arrojado a Hefesto del cielo por acudir en auxilio de Hera, que estaba atada. Zeus la había colgado del Olimpo como castigo por haber enviado una tormenta contra Heracles. En esta versión Hefesto cayó en Lemnos y así se rompió las piernas, pero Tetis lo curó.
Según una versión tardía, Hefesto había fabricado unos tronos de oro y acero para Zeus y los demás dioses. Cuando Hera se sentó, quedó de repente atrapada y suspendida en el aire. Se mandó recado a Hefesto para que liberase a su madre pero, airado por haber sido precipitado desde el cielo, dijo que él no tenía ninguna madre. Hefesto se negaba a perdonar a su madre y se marchó enfadado pero Dioniso, para convencerlo, lo emborrachó y lo trajo de vuelta todavía ebrio al consejo de los dioses. Hefesto no rechazó su deber filial y finalmente accedió a liberar a Hera. En agradecimiento, obtuvo de Zeus la libertad de decisión para conseguir cualquier cosa que demandase. Convencido por Poseidón, que todavía estaba enfadado con Atenea por haber perdido el patrocinio de Atenas, persuadió a Hefesto para que le pidiese a Zeus el matrimonio con Atenea. Zeus le concedió a Hefesto su deseo pero Atenea rechazó violentamente la unión y no se llevó a cabo.
Fama es que Hefesto estaba desposado Afrodita pero este matrimonio bien podría definirse como ‘de conveniencia’. Se dice que Zeus, padre de Afrodita, le había concedido la mano de su hija a Hefesto. Este construyó para la diosa una magnífica mansión pero ninguna fuente griega afirma que tuvieran descendencia. Hefesto nunca fue afortunado en el amor. De hecho, en la tradición clásica es recurrente el motivo de la infidelidad de Afrodita con Ares, causando una humillación visible a Hefesto.
El famoso mito del adulterio es narrado en la Odisea. Se dice que Afrodita y Ares se habían unido en secreto en la casa de Hefesto, quien más tarde exigió reparación por la ofensa sufrida en su lecho. Helios descubrió el adulterio al verlos juntos y se lo reveló a Hefesto. Al enterarse, Hefesto se dirigió a su fragua meditando venganza. Fabricó una red de cadenas invisibles, ingeniosamente dispuestas, que fijó alrededor de su lecho de manera que nadie pudiera percibirlas ni romperlas. Una vez preparada la trampa, fingió partir hacia Lemnos, su tierra predilecta. Ares, que vigilaba en secreto, aprovechó la ocasión y acudió de inmediato a la casa de Afrodita. Cuando Hefesto se hubo marchado, Ares se reunió con la diosa. Sin embargo, quedaron atrapados en la red invisible en el momento mismo en que yacían juntos.
Hefesto regresó entonces de forma inesperada, informado por Helios, el Sol, que lo había visto todo. Lleno de ira, entró en su casa y llamó a todos los dioses para que fueran testigos de la afrenta, mostrando a los amantes inmovilizados por sus cadenas. Los dioses acudieron al lugar y, al contemplar la escena, estallaron en risa al ver la astucia del artesano. Algunos comentaban la ironía de que el más lento hubiera atrapado al más veloz mediante la inteligencia. Apolo preguntó a Hermes si aceptaría yacer en tal situación junto a Afrodita, incluso estando atrapado. Hermes respondió que estaría dispuesto a ello, lo que provocó la risa de los dioses. Poseidón intervino y pidió a Hefesto que liberara a Ares, prometiendo que éste pagaría la multa correspondiente. Hefesto aceptó finalmente la garantía de Poseidón y liberó a los dos dioses. Finalmente Ares se marchó a Tracia y Afrodita a Chipre.
Como cabría esperarse, el matrimonio entre Hefesto y Afrodita acabó finalmente en separación. Unos dicen que Hefesto, sitiéndose abandonado, se enamoró de Atenea y empezó a perseguirla, pero la diosa lo rechazó. Otros dicen que probó suerte como pretendiente de Perséfone, pero esta no aceptó el collar que le había regalado como dote de bodas. Del adulterio entre Afrodita y Ares había nacido al menos Harmonía. Hefesto, resentido por el adulterio y sin poder castigar directamente la ofensa, fabricó un exquisito collar de oro con intención de perjudicar a Harmonía. Este objeto terminó entrando en la dote de Harmonía en su boda con Cadmo y, aunque es un regalo hermoso, la tradición posterior lo convierte en un objeto funesto asociado a la venganza indirecta de Hefesto y a los infortunios de la estirpe tebana.

Hefesto y Atenea eran dos dioses emparejados en el culto. Walter Burkert destaca que ambos aparecen asociados porque representan dos aspectos de la téchne (arte técnica): la inteligencia artesanal y la ejecución material. Platón relata que en tiempos antiguos los dioses repartieron toda la tierra. Hefesto y Atenea, hermanos nacidos del mismo padre y unidos por su amor a la artesanía, recibieron conjuntamente la tierra de Atenas. El templo del Hefestión de Atenas estaba dedicado a ambos.
En los mitos ambos dioses aparecen en conjunto. Píndaro fue el primer autor conservado que menciona a Hefesto abriendo la cabeza de Zeus con un hacha de bronce (πέλεκυς, pélekys) para permitir el nacimiento de Atenea. Algunos dicen incluso que Hefesto fue el padre de Atenea. El emparejamiento de ambos dioses a veces es literal: de la unión entre Hefesto y Atenea nació al menos un hijo: Erictonio, o Apolo (aquí confundido con Erictonio y Erecteo), o puede que Broteo o incluso Licno (‘antorcha’).
Pero la leyenda más conocida acerca de ambos dioses es el intento de violación por parte de Hefesto. Erictonio era hijo, según algunos, de Hefesto y Átide, hija de Cránao; o según otros, de Hefesto y Atenea. Se dice, pues, que Atenea se presentó ante Hefesto para que le fabricase armas, pero él, que había sido abandonado por Afrodita, se enamoró de aquella y empezó a perseguirla. Aunque Atenea huyó, él con gran dificultad, por su cojera, consiguió acercarse e intentó forzarla. Atenea, que era casta y virgen, no cedió, y Hefesto eyaculó en la pierna de la diosa, quien, asqueada, limpió el semen con lana y lo arrojó a la tierra. Cuando huía, del semen caído al suelo nació Erictonio. Es por ello que, según Pausanias, los progenitores de Erictonio fueron Hefesto y Gea, la Tierra.
Higino, no obstante, dice que Zeus le había concedido a Hefesto el permiso para casarse con Atenea. La diosa, cuando Hefesto entró en su cámara con intención de acostarse con ella, defendió su virginidad con la fuerza de las armas. Para Kerényi el nacimiento de Erictonio representa el origen de Atenas desde la tierra, con Atenea como diosa virgen y Hefesto como principio técnico, sin unión sexual real. El núcleo del mito es resolver la tensión entre la virginidad de Atenea mediante una creación de vida sin consumación sexual. En este sentido, se ha relegado a Hefesto a padre símbólico y no real, pues en la genealogía ateniense de Erictonio Hefesto nunca suele ser incluido.

Hefesto y Prometeo comparten ciertos rasgos conceptuales. Se sitúan muy cerca dentro de la lógica griega del fuego, la técnica y la inteligencia del hacer, pero representan dos polos distintos: el fuego “instituido” y el fuego “robado”. Por lo tanto aparecen compartiendo ciertos mitos. Por ejemplo, Prometeo robó las artes manuales y útiles de las que Hefesto y Atenea eran expertos, para enseñárselas a los hombres de antaño.
Tanto Hefesto como Prometeo son dioses demiúrgicos (artesanos en relación al origen de los mortales). Prometeo se había encargado de fabricar a los seres humanos de la tierra y fabricó al parecer sólo varones, pero posteriormente Hefesto fabricó a Pandora, la primera mujer. Después de que Pandora liberara, sin querer, a los males que salieron de la jarra, Zeus decidió castigar a Prometeo. Para ello le ordenó a Hefesto, acompañado de Bía y Cratos, que encadenaran a Prometeo a un risco del Cáucaso, en donde sería atormentado sin cesar. Hefesto, sintiendo lástima por el titán, era reticente a cumplir el trabajo. Al final Cratos le reprendió, alegando que no se podía oponer a la fuerza de Zeus, por lo que Hefesto no tuvo más remedio que sujetar con grilletes irrompibles a Prometeo —pues solo Hefesto tenía la destreza suficiente como para fabricar tal artefacto.
En la Ilíada, Hefesto aparece por primera vez consolando y ofreciendo una copa a su madre, instándole a obedecer a Zeus para que no haya disputas durante el banquete de los dioses. En cantos posteriores, se le muestra casado con Caris, quien recibe a Tetis en el hogar de ambos. Hefesto fabrica la maravillosa armadura y el escudo de Aquiles en agradecimiento a Tetis por criarlo. Posteriormente, interviene en el episodio conocido como ‘la batalla de los dioses’ del lado de los aqueos (griegos). A petición de Hera, crea enormes llamaradas para aplacar al dios fluvial Escamandro, que hostigaba a Aquiles por llenar de cadáveres sus aguas. Hefesto incendió la llanura y los cadáveres, dirigiendo la llama contra el río, haciendo hervir su corriente. Escamandro se rindió al verse envuelto en llamas, y ante la orden de su madre, Hefesto frenó el ataque. Dares es un sacerdote de Hefesto en Troya, padre de dos guerreros. Cuando uno de sus hijos es abatido por Diomedes en combate, el otro es salvado de la muerte por intervención del dios, que lo envuelve en la oscuridad y lo sustrae del destino fatal, evitando así que el anciano sacerdote quede completamente desamparado.
Hefesto era feo y de mal carácter, pero tenía mucha fuerza en los brazos y hombros y toda su obra era de una habilidad sin rival. El séquito de Hefesto se componía de geniecillos vinculador a la técnica y la forja. En Samotracia estaba asociado con los Cabiros, en Sicilia con los Palicos, en Lípara con los Cíclopes y en Lemnos con Cedalión. Él mismo también podía luchar contra las fuerzas ctónicas: durante la Gigantomaquia Hefesto mató al gigante Mimante arrojándole hierros candentes. En otros mitos Hefesto puede demostrar su favor. Cuando Orión fue cegado y expulsado por el rey Enopión por su violencia, llegó a Lemnos como mendigo. Allí encontró a Hefesto, quien se compadeció de él y le entregó a su servidor Cedalión para que lo guiara. Según Apolodoro, tras haber cometido el asesinato de Mirtilo, Pélope fue purificado por Hefesto en el río Océano, en los confines del mundo, lo que le permitió posteriormente regresar a Pisa en Élide y recuperar su posición legítima.
En las Dionisíacas, los Cabiros, hijos de Hefesto, combaten junto a Dioniso en la guerra contra los indios, y en varias ocasiones el dios interviene directamente para protegerlos en el fragor de la batalla: cuando están a punto de ser aniquilados por el río Hidaspes o por los enemigos, Hefesto los salva envolviéndolos en su fuego o apartándolos del peligro como si fueran protegidos por una llama viva; más tarde, tras resultar uno de ellos gravemente herido, su hermano intenta defenderlo desesperadamente, y el propio Hefesto desciende del cielo, castiga a los atacantes con un fuego que los inmoviliza, frena su avance y finalmente rescata al hijo herido del combate, lo retira a un lugar seguro y lo cura con remedios, presentándose así como un dios que actúa activamente como protector de su familia en la guerra, combinando su poder ígneo tanto destructivo como sanador.

No hay consenso acerca de dónde se ubicaba la fragua de Hefesto. Unos dicen que se ubicaba en el monte Olimpo y otros en el corazón volcánico de la isla egea de Lemnos. Una tercera versión la ubicaba en las islas volcánicas de Lípara, cerca de Sicilia; los colonizadores griegos de esta isla terminarían asociando la fragua de Hefesto con el volcán Etna.
El texto que mejor nos describe la maravilla de la fragua de Hefesto es sin duda la Ilíada, que la ubica en el Olimpo. La fragua de Hefesto se encontraba en una espléndida morada de bronce, imperecedera y resplandeciente entre las viviendas de los dioses. Allí el dios trabajaba sin descanso y sudoroso, junto a sus fuelles y su gran yunque, ocupado en la fabricación de veinte trípodes dotados de ruedas de oro que podían desplazarse por sí mismos hasta la asamblea de los inmortales y regresar después a su palacio. El taller estaba lleno de herramientas, crisoles, metales preciosos y complejos mecanismos que obedecían la voluntad del artesano divino. Entre sus creaciones más asombrosas se hallaban unas sirvientas de oro (χρύσειαι θεραπαινίδες) con apariencia de jóvenes vivas, dotadas de inteligencia, voz y fuerza, que asistían a su amo en sus tareas. Cuando Hefesto retomaba el trabajo, los fuelles soplaban automáticamente sobre el fuego según sus órdenes, avivando las llamas mientras el dios fundía bronce, estaño, oro y plata, empuñando el martillo y las tenazas para dar forma a sus extraordinarias obras.
Las tradiciones tardías sitúan la actividad de Hefesto en una caverna ruidosa de Lemnos. Aquí se asocian a Hefesto sus hijos los Cabiros, expertos en la fragua. Otras tradiciones sitúan la fragua de Hefesto en el ámbito volcánico de Sicilia, especialmente en la isla flotante de Lípara y el monte Etna, donde el dios del fuego habría establecido su taller en cavernas subterráneas. Estas versiones identifican a Hefesto con divinidades volcánicas del sur de Italia. Estrabón identifica estas islas volcánicas como espacios consagrados a Hefesto, con cráteres activos, y Virgilio ofrece la imagen más completa del taller en el Etna, donde los Cíclopes fabrican los rayos de Zeus y las armas de los dioses bajo su dirección. Cicerón, Estacio y Nono de Panópolis consolidan así la idea de que los fenómenos volcánicos del sur de Italia eran interpretados como manifestaciones visibles de su fragua divina.
Como arquetipo del artesano divino, a Hefesto se le atribuye la forja de casi todos los objetos metálicos con poderes mágicos finamente trabajados que aparecen en la mitología griega. Su destreza no tenía parangón: también construía mansiones, palacios, trampas especiales, armas y armaduras, maravillosas joyas o criaturas dotadas de movimiento autónomo. Pausanias ya da cuenta de ello y dice que Hefesto realizó muchas obras de arte, en especial el cetro de Agamenón y el collar de Harmonía. Quizás la mayor creación de Hefesto fue Pandora, la primera de las mujeres que existieron sobre la faz de la tierra.
La faceta principal de Hefesto es, sin duda, la de herrero: crea armas y armaduras, pertrechadas para la guerra. De esta manera construyó las flechas de Apolo y Artemisa, los rayos de Zeus, las armas de Atenea, las armas de los Cabiros y la terrible égida, utilizada tanto por Zeus como por Atenea.
Las obras de Hefesto dieron lugar a algunas de las écfrasis más célebres de la literatura clásica, especialmente las descripciones del escudo de Aquiles en la Ilíada y del escudo de Heracles en el poema homónimo. Otros héroes también portaron armas forjadas por Hefesto: el cuchillo de adamanto de Perseo, la lanza o espada de Peleo, la coraza de Diomedes y la armadura de Memnón. También fueron forjada por Hefesto el carcaj de Heracles y las armaduras de los héroes más importantes de las sagas de la literatura mitológica clásica: Aquiles, Heracles y Eneas.
Las mansiones de los dioses en el Olimpo habían sido construidas por obra de Hefesto y por eso eran de una calidad inigualable. La propia Hera presumía de que su hijo Hefesto le había construido su maravillosa cámara. Le construyó a Afrodita una espectacular mansión, cuando la diosa se casó con Hefesto.Cuando los dioses se reunían, se sentaban en el ágora divina alrededor de Zeus, y todos los tronos eran obra de Hefesto. Construyó el palacio de Alcínoo, el del rey Eetes de Cólquida y el palacio subterráneo en el que se resguardaba Enopión, rey de Quíos. Construyó el templo de Apolo en Delfos y una estatua ritual de Dioniso, regalo que le dio Zeus a Lacedemón. Construyó los carros de algunos dioses, como los de Helios, Afrodita y Ares. También construyó la copa de oro (χρύσεον ἅρμα o χρύσεα κύλιξ) de Helios en la que el propio Sol descansaba durante la noche.
Obras excepcionales de Hefesto eran los autómatas, objetos inertes que se podían moverse por sí mismos con voluntad propia. Unas sirvientas, construidas de oro (χρύσειαι θεραπαινίδες), le asistían en la forja del Olimpo. A cada lado de las puertas del palacio de Alcínoo se ubicaban unos perros guardianes hechos de plata y oro, que custodiaban sin cesar el palacio. Los calcotauros (‘toros de bronce’) eran dos bestias inmensas, con pezuñas de bronce y aliento de fuego, que Hefesto regaló para Eetes. En una versión Talos, el centinela de bronce que rondaba por la isla de Creta, tenía la forma de toro y fue un regalo para Minos. Las celedones (kηληδόνες), cuyo nombre significa «encantadoras», eran seis doncellas de oro que cantaban con melodiosa voz en el templo de Delfos. El águila del Cáucaso que atormentaba a Prometeo fue construida, según algunos, por las manos de Hefesto y luego Zeus le insufló vida. Los potros de los Cabiros estaban enganchados en un carro de adamante; Hefesto los había fabricado con bronce y respiraban fuego por aliento.
Hefesto elaboró, como un orfebre, muchas joyas preciosas. Entre ellas se incluye la corona de Ariadna, los adornos de Pandora, el collar de Harmonía (originalmente un regalo para Afrodita) y las muchas joyas con las que obsequió a Eurínome y Tetis. Muchas cráteras fueron obras de Hefesto, de oro, bronce y con variadas joyas, como las que usaron Menelao, Aquiles, Príamo, Euneo o Télefo. También construyó cadenas, redes y grilletes mágicos, destinados a atrapar a sus víctimas: la red invisible que capturó a Ares y Afrodita durante el coito y también los grilletes que sujetaron a Prometeo en el Cáucaso. Otras veces sus obras servían como recompensa para otros héroes, como el cetro de Agamenón, las viñas doradas de Laomedonte, los crótalos de Heracles que espantaron a las aves del Estínfalo, o el hacha de Politecno, debido a que este ejercía de carpintero.

Dependiendo de la versión a Hefesto se le atribuye una esposa diferente: Afrodita en la Odisea, Caris en la Ilíada y Aglaya en la Teogonía. Tras ser abandonado por Afrodita, Hefesto también pretendió, en vano, contraer matrimonio con Atenea y Perséfone. Algunos autores creen que Hefesto tuvo un amorío con un varón, Peleo en este caso, pero no se ofrecen detalles al respecto.
| Consorte | Descendencia |
|---|---|
| Afrodita | «Alzándose presurosas marcharon a la gran mansión de Cipris (Afrodita), la que le construyera su marido el patizambo, cuando al principio se la llevó del lado de Zeus como esposa». La pareja no tuvo descendencia pero sí es célebre la infidelidad que tuvo Afrodita con Ares. Séneca, autor latino, cree que Cupido (Eros) nació de la unión legítima entre Venus (Afrodita) y Vulcano (Hefesto). |
| Aglaya | «Hefesto, el muy ilustre patizambo, tomó a la más joven de las Gracias, Aglaya, y la hizo su floreciente esposa». Según la tradición órfica, fueron padres de cuatro muchachas, cuyos nombres parlantes nos hablan de la maravilla de las obras de Hefesto: Euclea (Εὔκλεια, «gloria»), Eutenea (Ευσθένεια, «prosperidad»), Eufema (Εὒφημη, «aclamación») y Filofrósine (Φιλοφροσύνη, «bienvenida»). |
| Anticlea | Se dice que el malhechor Perifetes, también llamado Corinetes, nació de la unión entre Hefesto y una tal Anticlea (el texto no especifica si es la misma Anticlea madre de Odiseo). Sea como fuere Perifetes era un bandido de Epidauro que solía aporrear con su garrote a los viajeros hasta que lo mató Teseo. |
| Atenea | La Suda nos dice que Erictonio nació de la unión ordinaria entre Hefesto y Atenea. De la misma manera de la unión entre Vulcano (Hefesto) y Minerva (Atenea) nació Apolo. El humanista italiano Domizio Calderini dejó en sus anotaciones del Ibis de Ovidio que Broteo era un hijo de Vulcano y Minerva, de fea apariencia. Y otros más dicen que Licno (‘lámpara’ o ‘antorcha’) nació de esta unión. |
| Átide | Según Apolodoro, algunos dicen que Erictonio era hijo de Hefesto y de la hija de Cránao, Átide. Otros dicen que no se llamaba Átide sino Atenea. |
| Cabiro | Hefesto estaba de algún modo conectado con la arcaica religión mistérica frigia y tracia de los Cabiros, que eran llamados los Hephaistoi (‘hombres de Hefesto’) en Lemnos. Estrabón da cuenta de ello: «Acusilao de Argos afirma que Cabiro y Hefesto nació Cadmilo, y que éste fue padre de tres Cabiros, de los que nacieron las ninfas Cabírides. Ferécides se refiere a la unión de Cabiro, hija de Proteo, y Hefesto, de la que nacerían los tres Cabiros y las tres ninfas Cabírides, unos y otras objeto de culto. A los Cabiros se los honra especialmente en Imbros y en Lemnos, pero también en determinadas ciudades de la Tróade». |
| Caris | La esposa de Hefesto en la Ilíada: «Al salir, la vio Caris, la del espléndido velo, bella, con quien estaba desposado el muy ilustre cojitranco». No se describe descendencia de esta unión. |
| Etna | A veces se consideraba a Hefesto padre con Etna de los Palicos, los daimones ctónicos de los géiseres y los manantiales de aguas termales de la región de Palacia (Sicilia). |
| Gea | «Dicen que Erictonio no tuvo por padre a ningún humano, sino que sus progenitores fueron Hefesto y Gea». |
| Ocrisia | De cuya unión nació Servio Tulio, rey del Lacio (en la mitología romana). |
|isbn= incorrecto (ayuda).