| Odisea | |||||
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| de Homero | |||||
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| Género | Épica grecolatina | ||||
| Subgénero | Epopeya griega | ||||
| Tema(s) | Guerra de Troya | ||||
| Idioma | Épico | ||||
| Título original | Ὀδύσσεια, Odýsseia | ||||
| País | Antigua Grecia | ||||
| Texto en español | Odisea en Wikisource | ||||
| Ciclo troyano | |||||
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La Odisea (en griego antiguo: Ὀδύσσεια, [Odýsseia]; en griego moderno: Οδύσσεια; en latín: Odyssea) es un poema épico griego compuesto por 24 cantos o rapsodias, atribuido al poeta griego Homero. Se cree que fue compuesta en el siglo VIII a. C. en los asentamientos que tenía Grecia en la costa oeste del Asia Menor (actual Turquía asiática). Según otros autores, la Odisea se completa en el siglo VII a. C. a partir de poemas que solo describían partes de la obra actual. Fue originalmente un texto de tradición oral que más tarde fue escrito en lo que se ha llamado dialecto homérico.
Narra la vuelta a casa del héroe griego Odiseo (al modo latino, Ulises: Ὀδυσσεύς en griego; Vlixes en latín), tras la guerra de Troya. Marca el paso de las epopeyas de hazañas bélicas al nostos, el viaje del retorno. Además de haber estado diez años fuera luchando, Odiseo tarda otros diez años en regresar a la isla de Ítaca, de la que era rey, período durante el cual su hijo Telémaco y su esposa Penélope han de tolerar en su palacio a los pretendientes que buscan desposarla (pues ya creían muerto a Odiseo), al mismo tiempo que consumen los bienes de la familia.
La mejor arma de Odiseo es su mētis o astucia. Gracias a su inteligencia — además de la ayuda provista por Palas Atenea, hija de Zeus Crónida — es capaz de escapar de los continuos problemas a los que ha de enfrentarse por designio de los dioses. Para esto, planea diversas artimañas, bien sean físicas —como pueden ser disfraces— o con audaces y engañosos discursos de los que se vale para conseguir sus objetivos.
El poema es, junto a la Ilíada, uno de los primeros textos de la épica grecolatina y por tanto de la literatura occidental. En la antigüedad se consideraba que la autoría de Homero estaba más allá de toda duda. Sin embargo, la investigación actual asume de manera predominante que tanto la Ilíada como la Odisea fueron compuestas de manera independiente, como parte de largas tradiciones orales. Dado el amplio analfabetismo, se cree que el poema original fue transmitido por vía oral durante siglos por aedos que recitaban el poema de memoria, alterándolo consciente o inconscientemente. Era transmitido en dialectos de la Antigua Grecia. Ya en el siglo IX a. C., con la reciente aparición del alfabeto, tanto la Odisea como la Ilíada pudieron ser las primeras obras en ser transcritas, aunque la mayoría de la crítica se inclina por datarlas en el siglo VIII a. C. El texto homérico más antiguo que conocemos es la versión de Aristarco de Samotracia (siglo II a. C.).
El poema está escrito usando una métrica llamada hexámetro dactílico. Cada línea de la Odisea original estaba formada por seis unidades o pies, siendo cada pie dáctilo o espondeo. Los primeros cinco pies eran dáctilos y el último podía ser un espondeo o bien un troqueo. Los distintos pies se separan por cesuras o pausas.
Temas centrales en esta epopeya incluyen las ideas de nostos (en griego antiguo: νόστος, lit. 'regreso, vuelta a casa'), el errar, xenia (en griego antiguo: ξενία, lit. 'hospitalidad o amistad con el huésped'), la puesta a prueba y los augurios. Los académicos han discutido la prominencia narrativa de ciertos grupos dentro del poema, como las mujeres o los esclavos, que tienen roles más amplios que en otras obras de la literatura antigua. Este enfoque es particularmente notable cuando se le contrasta con la Ilíada, que se centra en las hazañas de soldados y reyes durante la guerra de Troya.
Durante siglos, los poemas épicos homéricos hicieron parte del fundamento educativo del mundo griego a través de la era clásica y ayudaron a dar forma a una identidad cultural panhelénica más amplia. La Odisea se considera una de las obras más importantes del canon occidental.


La obra consta de 24 cantos. Al igual que muchos poemas épicos antiguos, comienza in medias res: empieza en la mitad de la historia, contando los hechos anteriores a base de recuerdos o narraciones del propio Odiseo.
La división de la Odisea en 24 cantos (también llamados libros o rapsodias) no procede del poeta o de la tradición oral original, sino que es una organización posterior llevada a cabo por los filólogos de la Biblioteca de Alejandría durante el período helenístico (siglos III y II a. C.).
Los principales responsables de esta división fueron eruditos como Zenódoto de Éfeso (quien realizó las primeras ediciones críticas de los poemas homéricos) y, sobre todo, Aristarco de Samotracia (siglo II a. C.), cuya versión del texto homérico se convirtió en la más influyente y se considera la base del texto que ha llegado hasta nosotros.
La elección de 24 partes se explica comúnmente por su correspondencia con las 24 letras del alfabeto griego (en la época se usaban las mayúsculas para la Ilíada y las minúsculas para la Odisea en algunas ediciones), lo que facilitaba la referencia, la lectura, el estudio y la transmisión en rollos de papiro. Sin embargo, algunos autores modernos consideran esta explicación más una tradición posterior que una certeza histórica.
En la tradición oral arcaica, los poemas homéricos no contaban con una división fija: los rapsodas los recitaban en secciones adaptadas a la ocasión o a las necesidades del público presente, sin una estructura numérica predeterminada.
La división de la Odisea en Telemaquia (cantos I–IV), Regreso de Odiseo (cantos V–XII) y Venganza de Odiseo en Ítaca (cantos XIII–XXIV) es ampliamente utilizada en la filología clásica. En contextos académicos, se reconoce como una convención analítica útil surgida del análisis estructural convencional de la epopeya homérica. La división respeta tanto la progresión temática como las unidades narrativas autónomas del poema: el crecimiento de Telémaco, los relatos de viaje de Odiseo y su retorno final con venganza.
Este primer bloque se centra en Telémaco, hijo de Odiseo, y en la situación caótica en Ítaca por la ausencia prolongada de su padre: los pretendientes asedian el palacio, devoran la hacienda y presionan a Penélope. Atenea impulsa a Telémaco a madurar y buscar noticias de Odiseo, iniciando su viaje a Pilos y Esparta.
| canto | parte | narrador | episodios clave |
|---|---|---|---|
| I | Invocación y situación en Ítaca | 3.ª pers. | Invocación a la musa Calíope. Asamblea de los dioses: Zeus y Atenea discuten el destino de Odiseo. En Ítaca, pretendientes devoran la hacienda; Atenea (disfrazada de Mentes) exhorta a Telémaco a actuar y convocar asamblea. |
| II | Asamblea en Ítaca | 3.ª pers. | Telémaco convoca el ágora (primera asamblea desde la partida de Odiseo). Antínoo revela el engaño del sudario de Penélope. Telémaco anuncia su viaje en busca de noticias; Atenea (disfrazada de Méntor) lo ayuda a preparar la nave. |
| III | Viaje a Pilos | 3.ª pers. | Telémaco llega a Pilos. Encuentro con Néstor, quien relata el regreso de los aqueos de Troya (incluida la muerte de Agamenón). Néstor no sabe de Odiseo, pero aconseja ir a Esparta con Menelao; sacrificio y despedida. |
| IV | Viaje a Esparta | 3.ª pers. | Telémaco llega a Esparta. Menelao y Helena lo reciben; relatos sobre el regreso de los héroes y la retención de Odiseo por Calipso (de Proteo). Pretendientes planean emboscada a Telémaco en Ítaca; Penélope recibe sueño alentador de Atenea. |
Bloque central que narra el regreso de Odiseo desde Ogigia hasta Ítaca, puente entre lo fantástico y lo real.
Incluye el «Episodio de los feacios» —cantos VI al VIII, a los que se añade el XIII como cierre transicional— y los relatos de Odiseo en primera persona o «Apólogos», núcleo mítico y fantástico de la obra.
El orden temporal entre V y XII está invertido: el naufragio de Odiseo y muerte de todos sus compañeros (XII) ocurre antes del inicio en Ogigia (V), la isla de la ninfa Calipso.
| Canto(s) | Parte | Narrador | Episodios clave |
|---|---|---|---|
| V | Inicio del regreso | 3.ª pers. | Odiseo retenido por Calipso en Ogigia. Asamblea divina: Hermes ordena su liberación. Construye balsa, tempestad de Poseidón, naufragio y llegada a la costa de Esqueria (tierra de los feacios). |
| VI-VIII | Episodio de los feacios | 3.ª pers. | Encuentro con Nausícaa en la playa (VI). Súplica y hospitalidad en el palacio de Alcínoo y Arete (VII). Juegos atléticos, banquete, canto del aedo Demódoco sobre Troya, revelación de identidad de Odiseo y regalos (VIII). |
| IX-XII | Apólogos de Odiseo | 1.ª pers. | Relatos de Odiseo a los feacios sobre aventuras pasadas: saqueo de los cícones y lotófagos (IX); cíclope Polifemo (IX); Eolo y bolsa de vientos, lestrigones (X); Circe y nekyia (viaje al Hades, XI); sirenas, Escila y Caribdis, isla de Helios (Trinacria), matanza de las vacas del Sol, naufragio y muerte de compañeros (XII). Termina con Odiseo agarrado a maderos rumbo a Ogigia. |
Bloque final: llegada de Odiseo a Ítaca, preparación y ejecución de la venganza contra los pretendientes, reconocimientos familiares y restauración del orden social y político. Atenea guía el proceso, culminando con la paz impuesta.
| Canto(s) | Parte | Narrador | Episodios clave / Resumen |
|---|---|---|---|
| XIII | Llegada a Ítaca y disfraz | 3.ª pers. | Partida mágica de los feacios: Odiseo dormido en la nave, depositado en Ítaca con tesoros. Atenea lo disfraza de mendigo anciano. Encuentro con Atenea (disfrazada de pastor). Castigo profetizado a los feacios. |
| XIV-XVI | Encuentros con fieles | 3.ª pers. | Odiseo en la choza de Eumeo (porquerizo, XIV). Telémaco regresa de Esparta y se reúne con Eumeo y Odiseo (XV-XVI). Reconocimiento mutuo (Atenea ayuda), plan contra los pretendientes. |
| XVII-XX | En el palacio disfrazado | 3.ª pers. | Odiseo (mendigo) entra en palacio. Pruebas e insultos de pretendientes (Iro, Antínoo). Reconocimiento por Euriclea (nodriza, por la cicatriz, XIX). Penélope anuncia la prueba del arco (XIX). Preparativos finales para la matanza. |
| XXI-XXIV | Matanza de los pretendientes y reconciliación | 3.ª pers. | Prueba del arco: sólo Odiseo lo tensa (XXI). Matanza de pretendientes (XXII). Reconocimiento por Penélope (prueba del lecho nupcial, XXIII). Odiseo va a ver a Laertes (XXIV). Aparición de los familiares de los pretendientes; Atenea impone la paz. |
Algunos críticos y analistas aprecian una división en seis bloques de cuatro cantos cada uno, lo que resalta equilibrios temáticos y formales como el contraste entre narración directa e indirecta —en primera o tercera persona— y el paralelismo entre el crecimiento de Telémaco y el retorno de Odiseo a Ítaca.
Aunque la división tripartita tradicional (Telemaquia, Regreso, Venganza) es la más común, la estructuración en seis bloques está reconocida en filología clásica como complemento de aquélla.
| Bloque | Cantos | Nombre / Descripción | Narrador principal | Resumen clave |
|---|---|---|---|---|
| 1 | I-IV | Telemaquia (viaje de Telémaco) | 3.ª pers. | Preparación en Ítaca: caos de pretendientes, exhortación de Atenea a Telémaco, su viaje a Pilos y Esparta en busca de noticias de Odiseo. |
| 2 | V-VIII | Episodio de los feacios (aventuras en tercera persona) | 3.ª pers. | Odiseo deja Ogigia, naufragio, llegada a Esqueria; Nausícaa, palacio de Alcínoo, juegos, banquete, revelación de identidad y hospitalidad. |
| 3 | IX-XII | Apólogos de Odiseo (relatos en primera persona) | 1.ª pers. (Odiseo a los feacios) | Relato de aventuras pasadas: cícones, lotófagos, cíclope, Eolo, lestrigones, Circe, nekyia, sirenas, Escila y Caribdis, vacas de Helios, naufragio final. |
| 4 | XIII-XVI | Llegada a Ítaca y estancia con Eumeo | 3.ª pers. | Partida feacia, Odiseo dormido en Ítaca, disfraz de mendigo por Atenea; encuentro con Eumeo (porquerizo), regreso de Telémaco y reunión secreta. |
| 5 | XVII-XX | Odiseo entre los pretendientes (disfrazado) | 3.ª pers. | Odiseo en palacio como mendigo: agravios, reconocimiento por Euriclea (cicatriz), anuncio de Penélope de la prueba del arco, preparativos finales. |
| 6 | XXI-XXIV | Matanza de los pretendientes y reconciliación | 3.ª pers. | Prueba del arco, matanza (XXII), reconocimiento por Penélope (lecho nupcial), visita a su padre Laertes, aparición de familiares de pretendientes y paz impuesta por Atenea. |
La Odisea comienza «en medio del relato» —in medias res—, cuando Odiseo permanece retenido por Calipso en la isla de Ogigia y lleva años sin poder regresar a Ítaca. En el canto I, Zeus aborda la situación del héroe (vv. 1-43) y Atenea intercede en su favor, proponiendo que se envíe a Hermes a Ogigia (vv. 44-62). Los hechos anteriores no se narran siguiendo su orden cronológico, sino que se reconstruyen progresivamente mediante referencias retrospectivas (analepsis) y, sobre todo, a través del relato que el propio héroe hace de sus aventuras ante los feacios (cantos IX-XII).
Este comienzo permite presentar desde el inicio el conflicto del regreso y suscita el interés por su desenlace y por la situación del oîkos en Ítaca.
La analepsis, término de la narratología moderna, es un procedimiento que consiste en interrumpir el desarrollo cronológico de la narración para referir acontecimientos anteriores al momento en que ésta se sitúa. En la Odisea, este recurso permite reconstruir episodios del pasado de los personajes y completar progresivamente la historia del regreso de Odiseo a Ítaca.
El ejemplo más extenso se encuentra en los cantos IX-XII (los llamados «Apólogos»), en los que Odiseo relata ante los feacios sus aventuras desde la salida de Troya hasta su llegada a la isla de Calipso. Estos relatos retrospectivos se integran en la narración principal y aportan información sobre las experiencias del héroe durante los años de ausencia. Se trata de una analepsis extensa que ocupa cuatro cantos completos, contada por el propio héroe, y que constituye el núcleo fantástico del poema.
Otras analepsis, más breves, evocan episodios anteriores de su vida y contribuyen al reconocimiento de su identidad. Tal es el caso del relato de la herida en la pierna de Odiseo sufrida durante la cacería del jabalí en el Parnaso (Canto XIX), cuya cicatriz permitirá a Euriclea reconocerlo.
CANTO III Relato retrospectivo de un personaje
CANTO IV Relatos retrospectivos de un personaje
CANTO VIII Cantos del aedo sobre el pasado
CANTOS IX al XII (Apólogos de Odiseo) Relato retrospectivo de un personaje
CANTO XIII Relato ficticio (mentira cretense)
CANTO XIV Relato ficticio (mentira cretense)
CANTO XV Relato retrospectivo de un personaje
CANTO XVII Relato ficticio (mentira cretense)
CANTO XXI Analepsis del narrador
CANTO XXIV Relato retrospectivo de un personaje
La écfrasis (del griego ἔκφρασις, ékphrasis) es un recurso retórico que consiste en describir verbalmente una persona, un objeto o una escena con detalle y viveza, de modo que el lector pueda representárselos mentalmente. Se relaciona estrechamente con la enárgeia (ἐνάργεια), cualidad expresiva que hace que lo narrado parezca estar presente ante los ojos del receptor. Aunque ambos conceptos están vinculados, no son sinónimos: la écfrasis designa un tipo de descripción, mientras que la enárgeia alude al efecto de viveza que puede producir.
La Odisea emplea fórmulas y recursos expresivos característicos de la poesía épica griega, vinculados a la tradición oral en la que se inscribe el poema. Entre ellos destacan los epítetos que acompañan a personajes y divinidades, las expresiones formularias recurrentes y las invocaciones a la Musa y a los dioses. Estos recursos contribuyen a caracterizar a los personajes, dar continuidad al relato y situar la narración dentro de las convenciones de la épica homérica.
Odiseo es persona inteligente, resolutiva, hábil, imaginativa y capaz. Estas cualidades se expresan a lo largo del poema con matices diversos:
En otros pasajes, Odiseo recibe el epíteto δῖος Ὀδυσσεύς (dîos Odysseús), traducido frecuentemente como «divino» o «ilustre Odiseo». En el canto XI, su madre Anticlea evoca la añoranza que la llevó a la muerte y se dirige a él como «preclaro Odiseo» (XI, 202), traducción de φαίδιμος (phaídimos), otro epíteto laudatorio que, en este contexto, aparece integrado en una declaración de amor materno. También se lo califica de διοτρεφής (diotrephḗs, «criado» o «alimentado por Zeus»), epíteto honorífico aplicado asimismo a otros reyes y jefes de la épica homérica, como vemos en el Canto IV, vv. 155-156: Pisístrato se dirige a Menelao como «alumno de Júpiter» (διοτρεφές, diotrephés) y «príncipe de hombres» (ὄρχαμε λαῶν, órkhame laôn). En conjunto, estos epítetos contribuyen a destacar la dignidad de los héroes y su posición dentro del orden social y divino representado en el poema.
El atributo «dotada de voz» se repite varias veces en el poema, aplicado generalmente a Circe. Hay variantes, «Circe la diosa de voz humana» (Κίρκη θεὰ αὐδήεσσα, Kirke theà audḗessa), que destaca tanto su naturaleza divina (θεὰ, theà) como su poder sobre el lenguaje y la magia. Aunque diosa menor, se la realza por su voz seductora que la dota de más poder.
En un caso se nos dice que oyeron cantar a Circe «con voz pulcra» (X-203), quien un poco más adelante transformará en puercos a los hombres de Odiseo. El contraste entre la pulcritud de la voz y la cochambre de una pocilga de cerdos apunta con ironía hacia el fingimiento y astucia de la hechicera.
En la magia antigua, la voz es el principal vehículo del encantamiento. Circe no sólo usa drogas y una varita sino que canta y habla para hechizar. Por otra parte «dotada de voz» es un recurso poético para decir la que encanta con su voz o la que tiene voz mágica.
Respecto a Penélope leemos «de voz agradable» o «con dulce voz», destacando su poder de tejer un lazo emocional por la persuasión o la seducción. O bien mostrando su voz como un instrumento de astucia y gracia.
La voz era una facultad especialmente importante en la Grecia arcaica. Entre los siglos VIII y VI a. C. la transmisión de conocimientos, historias y tradiciones se realizaba principalmente a través de la palabra hablada, haciendo de la oralidad un rasgo esencial de la cultura y literatura de la época.
El poema comienza con una invocación ritual a la Musa: Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio... (Segalá 1910). Esta fórmula, típica de la épica griega arcaica, convierte al aedo en un mero intermediario entre lo divino y lo humano.
Véase el análisis detallado en Canto I.

Se expone un resumen de los veinticuatro Cantos, según la versión en prosa de Luis Segalá y Estalella (1910); con la excepción de la «Invocación a la Musa», Canto I, en verso, de José Manuel Pabón (1982).
Concilio de los dioses. Exhortación de Atenea a Telémaco
Con los Dioses reunidos en asamblea, Zeus se interesa por el destino de Odiseo, «aquel varón de multiforme ingenio», hace largos años está ausente desde que partió a la guerra de Troya. Atenea comunica que el héroe está retenido en la isla Ogigia por la ninfa Calipso. La asamblea decide que sea liberado de inmediato, encargándosele a Hermes que traslade la orden a la ninfa. Entretanto, en el palacio de Odiseo (Ítaca) la situación es muy mala: Penélope, la esposa fiel de Odiseo, es acosada impertinentemente por los nobles que la pretenden. Telémaco, el hijo adolescente, será alentado por la diosa para emprender la búsqueda de su padre.
Ágora de los itacenses. Partida de Telémaco
Telémaco reúne en asamblea en el ágora al pueblo de Ítaca y denuncia el caos en Palacio causado por los pretendientes de su madre, envalentonados y alborotadores. Se descubre el engaño de Penélope tejiendo y destejiendo con su telar. Con la ayuda de Atenea, Telémaco decide viajar a Pilos y Esparta en busca de su padre. Oculta el plan a su madre.
Lo de Pilos
Telémaco, guiado por Atenea disfrazada de Méntor, llega a Pilos en busca de noticias sobre su padre, Odiseo. Son recibidos por el anciano rey Néstor quien sabe que Odiseo vive, aunque en paradero desconocido. Néstor lo anima a visitar a Menelao en Esparta para encontrar más pistas. Siempre bajo la protección de Atenea, Telémaco parte con un barco y regalos.
Lo de Lacedemonia
Telémaco continúa el viaje hasta Esparta, la vasta y cavernosa Lacedemonia, para informarse sobre su padre. Es recibido por el rey Menelao, que está celebrando el banquete de la doble boda de su hijo el fuerte Megapentes con una hija de Aléctor, y de su hija Hermione con Neoptólemo, hijo de Aquiles. Telémaco conoce al fin que su padre está retenido por la ninfa Calipso. Entretanto, en Ítaca, Antínoo fragua un complot para acabar con la vida del joven en la pedregosa Ásteris, magnífica isla para emboscarlo. Medonte corre a contar a Penélope el complot urdido para matar a su hijo. Penélope desesperada implora a Minerva que salve a su hijo de los perversos y ensoberbecidos pretendientes y cae en dulce sueño. La diosa, bajo la forma de Iftima, la calma: tu hijo aún ha de volver, que en nada pecó contra las deidades.
La balsa de Odiseo
Calipso retiene en su isla de Ogigia a Odiseo. Atenea promueve una asamblea divina en el Olimpio que decide su liberación. Hermes traslada la orden a Calipso que obedece reticente. Odiseo construye una balsa y emprende una navegación que será procelosa: Poseidón, airado por la ceguera de su hijo Polifemo a manos de aquél, desata una violenta tempestad que destroza la balsa; sin embargo, con la ayuda providencial de la nereida Ino (que le entrega su velo protector), y de Atenea que frena los vientos, Odiseo logra alcanzar a nado, exhausto y solo, la costa de Esqueria, tierra de los feacios.
Llegada de Ulises al país de los feacios
Odiseo llega a la tierra de los feacios después de siete años de aislamiento en Ogigia y del naufragio provocado por Poseidón. Allí, con la ayuda de Atenea, entra en contacto con Nausícaa, la hija del rey Alcínoo, que lo guiará hasta el palacio. La princesa, que en silencio lo desea como esposo, le dice que debe entrar solo, dirigirse directamente a la reina Arete, abrazar sus rodillas y suplicarle a ella hospitalidad. Odiseo, sentado en un hermoso bosque de álamos consagrado a Minerva (Atenea), eleva agradecido una plegaria a la diosa.
Entrada de Ulises en el palacio de Alcínoo
Asistido por Atenea, Odiseo va al palacio de Alcínoo. Sigue las recomendaciones de Nausícaa e implora a Arete. El rey lo hospeda. El héroe, que no desvela su identidad, narra sus infortunios desde que partió de Ogigia. Alcínoo, admirado, le ofrece la mano de su hija y le promete ayuda para regresar a su hogar.
Odiseo agasajado por los feacios
Alcínoo celebra una fiesta en honor del forastero —Odiseo aún es un desconocido que no se ha presentado— convocando unos juegos para que el huésped participe a sus amigos, «después que se haya restituido a la patria», que los feacios superan a todos los hombres en el pugilato, la lucha, el salto y la carrera. Laodamante, hijo de Alcínoo, invita a Odiseo a participar, pero el huésped, ocupado «en sus penas, que son muchísimas», se resiste, lo que provoca el desprecio de Euríalo. Entonces Odiseo asombra a todos con un magnífico lanzamiento de disco. Se restablece la armonía, canta el aedo Demódoco, interviene la reina Nausícaa y Alcínoo pregunta al huésped sobre su verdadera identidad.
Relatos a Alcínoo — Ciclopea
Primero de los cuatro cantos (IX-XII) de los «Apólogos», el relato de Odiseo en primera persona en la corte de los feacios. Tras saquear la ciudad de los cícones, Ismaro, en el norte de Samotracia, llegan a la tierra de los lotófagos que se alimentan de un florido manjar que hace perder la memoria. Siguiendo adelante arriban a la isla de los cíclopes. Uno de ellos, Polifemo, devorará a algunos de los hombres pero Odiseo lo vencerá con su astucia y valor. Sin embargo esta victoria sobre el cíclope provocará la ira de su padre Poseidón y Odiseo y sus hombres navegarán sin rumbo zarandeados por tremendas tempestades.
Lo relativo a Eolo, a los lestrigones y a Circe
Odiseo y sus hombres son bien recibidos por Eolo en su isla. Les regala un odre con todos los vientos. Con Ítaca ya a la vista abren el odre, liberan las tempestades y nuevamente llegan a Eolia, pero ahora son rechazados. Navegando sin rumbo arriban al país de los lestrigones, gigantes antropófagos que devorarán a muchos. Huyen, para caer en manos de Circe que los retiene un año. Los libera para ir al Inframundo. Parten desalentados.
Evocación de los muertos
Siguiendo las instrucciones de Circe, Odiseo llega al país brumoso de los cimerios, en los confines del mundo junto al río Océano. Tras un rito necromántico consulta al adivino Tiresias sobre su regreso; recibe una advertencia clave respecto al ganado de Helios en Trinacria. Siente intensa emoción filial en el encuentro con su madre Anticlea: le revela que murió por añoranza de él. Se manifiestan y hablan otras almas: Agamenón, Áyax, Aquiles.
Las Sirenas, Escila, Caribdis, las vacas del Sol
Concluyen los «Apólogos» (cantos IX-XII). Odiseo y sus compañeros enfrentan los peligros de las Sirenas, las Rocas Errantes, el estrecho de Escila y Caribdis, y finalmente la isla Trinacria, hogar del ganado sagrado del dios Helios. El canto culmina en la transgresión de los compañeros, que sacrifican las vacas prohibidas, lo que provoca la ira divina y el naufragio de la nave, dejando a Odiseo como único superviviente.
Partida de Odiseo del país de los feacios y llegada a Ítaca
Alcinoo rey de los feacios promete a Odiseo que retornará a Ítaca; se hace una colecta para regalarle costosos calderos y trípodes de bronce. Se celebra un fastuoso banquete de despedida en palacio. A la puesta del sol Odiseo se embarca en la nave feacia y cae en un profundo sueño mientras los remeros impulsan mágicamente la nave durante la noche. Llegan a Ítaca al día siguiente, dejan en tierra a Odiseo aún dormido junto a sus riquezas y retornan a Esqueria. Poseidón que los está observando los transforma en piedra.
Odiseo despierta en Ítaca envuelto en una niebla protectora sin saber dónde está. Se le presenta Atenea bajo la forma de un joven pastor de ovejas al que le cuenta una falsa historia sobre cómo llegó hasta allí. Atenea desvela su identidad y traza un plan para que Odiseo acabe con los pretendientes de su esposa Penélope. El primer paso es su transformación en mendigo e ir en busca del fiel Eumeo.
Conversación de Odiseo con Eumeo
Odiseo no revela su verdadera identidad a Eumeo, presentándose ante él disfrazado de anciano harapiento, como había urdido Atenea. Ambos conversan largamente llegando a un clima de confianza y afecto entre ellos. Odiseo (disfrazado) pasa la noche en la majada de su leal servidor, que le brinda comida y abrigo.
Llegada de Telémaco a la majada de Eumeo
Atenea aconseja al joven Telémaco salir de Esparta y regresar a su hogar. Le advierte que los pretendientes quieren ponerle una trampa para matarlo y le dice que viaje de noche.
Mientras tanto, Eumeo relata su vida y sus orígenes al mendigo, y de cómo llegó al servicio de Odiseo.
Reconocimiento de Odiseo por Telémaco
Gracias a la ayuda de la diosa, Telémaco consigue eludir la trampa que los pretendientes le habían preparado a la entrada de la isla. Una vez en tierra, se dirige por consejo de la diosa a la casa de Eumeo, donde conoce al supuesto mendigo. Cuando Eumeo marcha a casa de Penélope a darle la noticia del regreso de su hijo, Odiseo revela su identidad a Telémaco, asegurándole que en verdad es su padre, a quien no ve desde hace veinte años. Tras un fuerte abrazo, planean la venganza, con la ayuda de Zeus y Atenea.
Vuelta de Telémaco a Ítaca
Al día siguiente, Odiseo, de nuevo como mendigo, se dirige a su palacio. Solo es reconocido por su perro Argos, que, ya viejo, fallece frente a su amo. Al pedir comida a los pretendientes, Odiseo es humillado e incluso golpeado por ellos.
Pugilato de Odiseo con Iro
Aparece un mendigo real, llamado Iro, quien solía pasarse por el palacio. Riéndose de Odiseo, lo reta a una pelea. Los pretendientes aceptan que el ganador se junte a comer con ellos. Le dan dos trozos de pan a Odiseo, que, tras quitarse su manta y dejar ver sus músculos, gana fácilmente al mendigo. A pesar de la victoria, ha de seguir soportando las vejaciones de los orgullosos pretendientes.
Coloquio de Ulises y Penélope — El lavatorio o reconocimiento de Ulises por Euriclea
Odiseo, ocultando su verdadera identidad, mantiene una larga conversación con Penélope, quien ordena a su criada Euriclea que lo bañe. Euriclea, que fue nodriza del héroe cuando era niño, reconoce una cicatriz que a Odiseo, en su juventud, le hizo un jabalí cuando se encontraba cazando en el monte Parnaso. La esclava, pues, reconoce a su amo, que le hace guardar silencio para no hacer fracasar los planes de venganza.
Lo que precedió a la matanza de los pretendientes
Al día siguiente, Odiseo pide una señal, y Zeus lanza un trueno en medio del cielo azul. Este gesto es entendido por uno de los sirvientes como una señal de victoria sobre los pretendientes. Odiseo aprovecha para ver quién es fiel al desaparecido rey y, por tanto, habrá de conservar la vida. Un profeta, amigo de Telémaco, avisa a los pretendientes de que pronto los muros se mancharán con la sangre de ellos. A pesar de que algunos de ellos dan crédito a la profecía y huyen, la gran mayoría de ellos se ríen de ella.
La propuesta del arco
Aparece Penélope con un arco que Odiseo dejó en casa a su marcha a Troya. Promete a los pretendientes que se casará con aquel que consiga hacer pasar la flecha por los ojos de doce hachas alineadas. Uno tras otro, los pretendientes lo intentan, pero ni siquiera son capaces de tensar el arco. Odiseo pide participar en la prueba, pero los pretendientes se lo deniegan. Tras la insistencia de Telémaco, le es permitido intentarlo. Con suma facilidad, Odiseo tensa el arco y consigue hacer pasar la flecha por los ojos de las hachas, ante el asombro de los presentes. A la señal de su padre, Telémaco se arma, preparándose para la lucha final.
La venganza. Antínoo, jefe de los pretendientes, se encuentra bebiendo cuando Odiseo le atraviesa la garganta con una saeta y le da así muerte. Ante las quejas de los demás, Odiseo responde con amenazadoras palabras, y los pretendientes temen por sus vidas. Se inicia la feroz lucha, con los numerosos pretendientes por un lado y Odiseo, su hijo y sus dos fieles criados por otro. Melantio, infiel cabrero de Odiseo, consigue armas, pero gracias a la ayuda de Atenea, todos aquellos que traicionaron a Odiseo van muriendo uno por uno. Las esclavas son colgadas del cuello en el patio del palacio, mientras que Melantio es cortado en pedazos para que se lo coman los leones. Odiseo manda a Euriclea que haga fuego y limpie el patio con azufre. La esclava avisa a las mujeres que fueron fieles al héroe, que llegan y abrazan a su amo.
Penélope reconoce a Odiseo. Después de matar a los pretendientes que se hospedaban en su casa, Odiseo manda a los presentes que vistan sus mejores trajes y bailen, para que el pueblo no sospeche lo ocurrido. Con la ayuda de Euriclea, el héroe se presenta a Penélope. Como el aspecto de Odiseo es distinto al que conocía Penélope, que además está casi convencida de que él ha muerto, el héroe no es reconocido por su esposa. Entonces, Odiseo describe el lecho conyugal, y cómo lo hizo él mismo de un olivo. Penélope, convencida, abraza a su esposo, que le narra sus aventuras. Finalmente le cuenta que aún tendrá que hacer otro viaje antes de terminar su vida en una tranquila vejez.
El pacto. Las almas de los muertos viajan al Hades, donde cuentan lo ocurrido a Agamenón y Aquiles, compañeros del héroe en la expedición de los aqueos a Troya. Odiseo marcha a casa de su padre, Laertes, que se encuentra trabajando en la huerta. El hombre se encuentra envejecido y apenado por la larga ausencia de su hijo. Para ser reconocido, Odiseo le muestra la cicatriz y recuerda los árboles que en su infancia le regaló su padre.
Mientras, los familiares de los pretendientes se juntan en asamblea, y piden venganza por la muerte de los suyos. Odiseo, su hijo y su padre, que se encuentran en la casa de este, aceptan el reto, y da comienzo la lucha. Laertes dispara una lanza que mata al padre de Antínoo. Pero en ese momento cesa la lucha. Interviene la diosa Atenea, que anima a los itacenses a llegar a un pacto, para que juntos vivan en paz durante los años venideros.

Entre las traducciones al español, caben citar:
La clasicista Edith Hall afirma que la Odisea ha sido considerada «la cuna misma de la ficción literaria»; en su introducción de 1932 al poema épico, T. E. Lawrence la calificó como «la mejor novela jamás escrita». Los críticos literarios occidentales la consideran ampliamente un clásico atemporal. Asimismo, sigue siendo una de las obras literarias más antiguas que leen habitualmente los lectores occidentales. Brian Stableford, quien la describe como una especie de precursora de la ciencia ficción, sostiene que la Odisea ha sido adaptada y reinterpretada como ciencia ficción más que cualquier otra obra literaria.
En el canto XXVI del Infierno, Dante Alighieri se encuentra con Odiseo en el octavo círculo del infierno. En el relato de Odiseo, este añade un nuevo desenlace a la epopeya: continúa sus aventuras en lugar de regresar a Ítaca. Edith Hall sugiere que la representación de Odiseo por parte de Dante llegó a interpretarse como una manifestación del colonialismo y de la construcción de la alteridad durante el Renacimiento. En esta lectura, el cíclope representa los «relatos sobre razas monstruosas en los confines del mundo», mientras que su derrota simboliza «la dominación romana del Mediterráneo occidental». Algunas de las aventuras de Odiseo reaparecen en los relatos árabes de Simbad el Marino.
La novela épica Ulises (1922), del escritor irlandés James Joyce, reelabora en gran medida la Odisea, trasladando la acción al Dublín de la época del propio Joyce. Joyce había conocido la figura de Odiseo a través de Adventures of Ulysses, de Charles Lamb, una adaptación del poema épico dirigida al público infantil que, al parecer, contribuyó a fijar en su mente el nombre latino del héroe. Ulises está dividido en dieciocho secciones, o «episodios», que pueden relacionarse aproximadamente con los veinticuatro cantos de la Odisea. Joyce afirmó conocer el griego homérico original, aunque algunos estudiosos han puesto en duda esta afirmación y han señalado su escaso dominio de la lengua como prueba en sentido contrario. La obra, y en particular su prosa basada en el monólogo interior, está considerada una obra fundamental del modernismo. El uso que Joyce hizo del mito inspiró a Joseph Campbell a escribir El héroe de las mil caras, donde sostiene que la mayoría de las narraciones siguen, consciente o inconscientemente, una estructura de «viaje del héroe» semejante a la de la Odisea. El análisis de Campbell ha ejercido una gran influencia en numerosas obras de la cultura popular, aunque en la actualidad muchos estudiosos lo consideran reduccionista.
Los escritores contemporáneos han retomado la Odisea para destacar a los personajes femeninos del poema. La escritora canadiense Margaret Atwood adaptó algunos pasajes de la Odisea en su novela corta The Penelopiad (2005). La obra se centra en Penélope y en las doce esclavas ahorcadas por Odiseo al final del poema, una imagen que obsesionó a Atwood. La novela corta de Atwood comenta el texto original, en el que el exitoso regreso de Odiseo a Ítaca conlleva la restauración de un sistema patriarcal. De manera similar, Circe (2018), de Madeline Miller, revisita la relación entre Odiseo y Circe en la isla de Eea. Como lectora, Miller se sentía frustrada por la falta de motivaciones de Circe en el poema original y trató de explicar su comportamiento caprichoso. La novela transforma la conversión de los marineros en cerdos por parte de la hechicera: lo que en el poema original parece un acto de maldad pasa a presentarse como un acto de autodefensa, motivado por sus experiencias previas con depredadores sexuales.
| La Odisea, de Homero |
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