| Sitio de Cochabamba | ||||
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| Parte de la conquista del Imperio inca | ||||
| Fecha | diciembre de 1538- febrero de 1539 | |||
| Lugar | Valle de Cochabamba, Bolivia | |||
| Resultado | Victoria española | |||
| Consecuencias |
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| Beligerantes | ||||
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| Comandantes | ||||
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| Fuerzas en combate | ||||
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El sitio de Cochabamba fue el punto álgido de la segunda rebelión de Manco Inca. Ocurrió a finales de 1538 cuando el ejército incaico al mando de Tiso Yupanqui cercó a un destacamento español al mando de Gonzalo Pizarro en el valle de Cochabamba.
Pese a que los rebeldes pusieron en aprietos a los conquistadores, el resultado final fue una decisiva victoria española, que acabaría ocasionando el colapso de la insurrección en el sur del Tahuantinsuyo.
Después de los enfrentamientos en el río Desaguadero y en Tapacari, Tiso Yupanqui decidió marchar con su ejército en dirección a Cochabamba con el propósito de aniquilar a la expedición española. Para ello, comenzó a juntar secretamente una cantidad importante de contingentes indígenas.
Cuando los españoles llegaron a Cochabamba, tomaron un tambo, y después de ello Hernando Pizarro decidiría regresar a Cusco, dejando a Gonzalo con 40 jinetes, 30 soldados de a pie y un importante contingente indígena comandado por Paullu Inca. Exhaustos por los combates anteriores decidieron pasar la noche para descansar y reponer energías. En este periodo es cuando los rebeldes pondrían en marcha una estrategia destinada a poner fin a la expedición de los conquistadores españoles.
Durante la noche, los soldados incas rodearon el campamento español y levantaron infinidad de maderos a modo de talanqueras muy fuertes, impidiendo que los europeos emplearan sus caballos. A la mañana siguiente, los conquistadores se encontraron completamente cercados por un contingente de 20 000 indígenas.
El sitio se prolongó durante cinco días, con combates intensos cuerpo a cuerpo. Los rebeldes atacaban en masa, tratando de intimidar al enemigo. Los españoles sufrieron cuatro heridos, además de cuatro caballos lesionados, e importantes bajas entre los auxiliares indígenas, La moral de los conquistadores se estaba resintiendo, pero Paullu Inca obligó a sus hombres a continuar luchando llegando incluso a ejecutar a quienes intentaban huir.
La determinación de Paullu fue decisiva. Los chichas, que nunca antes habían enfrentado a soldados españoles, fueron los primeros en romper filas y huir, con sus jefes gritando que estaban perdidos mientras corrían hacia las colinas. Posteriormente, los caballos españoles quebraron el espíritu de las masas de indígenas charcas, y en la persecución subsiguiente mataron a ochocientos rebeldes.
A pesar de las pérdidas, los sitiadores aún mantenían cierto control, por lo que enviaron un mensaje a Tiso Yupanqui. Este reunió a otros 40 000 hombres para reforzar el asedio de Cochabamba. Sin embargo, su ejército llegó demasiado tarde: las tribus de los charcas estaban desmoralizadas tras los combates, y Garcilaso de la Vega empeoró la situación al matar a 400 indígenas de Pocona. Además, Gonzalo Pizarro logró mandar un jinete para pedir auxilio a sus hermanos, de tal modo que Hernando regresaría al mando de 50 soldados y logró derrotar definitivamente a Tiso en un combate en Paria
La rebelión se desmoronó rápidamente cuando los refuerzos hispanos rodearon la ruta principal y penetraron en Cochabamba por las colinas. En la totalidad del sitio los españoles sufrieron al menos 4 muertos y quince heridos.
La derrota de los indígenas en Cochabamba significó el colapso de la rebelión en el Collasuyo. Con la llegada de refuerzos españoles, muchos jefes locales optaron por rendirse y aceptar la autoridad europea.
Tiso Yupanqui se replegó a Pocona, donde, a pesar de aumentar el número de sus tropas y ordenar la ejecución de Chalco Yupanqui, un importante colaborador de los españoles en el sur, fue finalmente derrotado por Paullu Inca y las fuerzas españolas en una batalla subsecuente. Después, Tiso se retiró a Huamahuacas, pero fue seguido de cerca por los conquistadores, mientras sus aliados indígenas depusieron las armas.
Ante la imposibilidad de continuar la resistencia, Tiso Yupanqui capituló de manera honorable y regresó con los Pizarro el 18 o 20 de marzo de 1539, aunque según una carta de Francisco Pizarro al emperador, habría llegado a Cuzco durante la primera quincena de febrero de ese mismo año.
La pacificación del Collao fortaleció la confianza española, que se dispuso a organizar una expedición decisiva hacia Vilcabamba con el objetivo de capturar o eliminar a Manco Inca y poner fin a la resistencia incaica.